La mentira se ha transformado en un hábito pernicioso en nuestro país, ya que dirigentes políticos y personalidades públicas de diversos rótulos, la utilizan con excesiva frecuencia sin medir las consecuencias. Pareciera que decir la verdad es un verdadero pecado, cuando lo real es que el verdadero pecado es la mentira.
Las mentiras en el Estado, de manera institucional, comenzaron durante el gobierno de Cristina, cuando el celebérrimo Secretario de Comercio, Guillermo Moreno, desvirtuó al INDEC, un instituto que, hasta entonces, gozaba de bien ganado prestigio, no solo en Argentina, sino a escala mundial. Moreno de mal recordada memoria, utilizó al INDEC para manipular sus mediciones hasta límites insospechados.
También recordamos cuando la entonces presidenta, Cristina de Kirchner, afirmaba el 8 de junio de 2015, en la FAO en Roma, que el porcentaje de pobres en el país estaba por debajo del 5 %. Un dígito absolutamente falso que nadie podía creer. Ya en el 2013, según cálculos de la Universidad Católica Argentina, la pobreza llegaba al 26%. En 2015, al finalizar el mandato de Cristina, la UCA estimaba en 29 % el porcentaje de pobres.[i] A continuación de las afirmaciones de Cristina, el Jefe de Gabinete Aníbal Fernández, señaló públicamente que Argentina tenía menos pobres que Alemania. Un razonamiento ilógico que solo provocó risas.
Actualmente observamos, con motivo de la pandemia, que se dice cualquier cosa, sin importar la veracidad de lo que se comunica. Y también con motivo del tratamiento de la ley de despenalización del aborto. Un tema muy delicado que requiere profundo análisis y mentes equilibradas para sancionarlo. Sin duda que no es la oportunidad para que el Congreso debata una Ley que requeriría de un referéndum popular.
Utilizar la mentira como herramienta, es muy malo y puede llegar a ser nefasto.
Una médica de la Plata Chinda Brandolino, suele viralizar informaciones, mejor dicho, desinformaciones, como que la pandemia es falsa. Sobran argumentos con evidencia científica incuestionable que desmienten a esta médica. También se opone a la vacunación, que según la OMS salva 2,5 millones de vidas al año.
Esta médica está en contra de la ley del aborto, pero utiliza mentiras manifiestas para oponerse. El pasado lunes 7 de diciembre la periodista Viviana Canosa la entrevistó en su programa “Nada Personal” que se emite por Canal 9. Brandolino señaló en ese momento “El primer destino más rentable es el negocio de órganos, después del aborto mismo la venta de órganos entre 80 y 100 dólares”.
El sitio “chequeado” desmiente estas afirmaciones y explica por qué. En Argentina, el tráfico de órganos se encuentra prohibido y sancionado por la legislación vigente. La Ley 27447, señala: “Quedan prohibidos toda contraprestación u otro beneficio por la donación de órganos, tejidos o células o la intermediación con fines de lucro”. Además, María del Carmen Bacqué, ex presidenta del Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (Incucai), declaró en la Cumbre de Tráfico de Órganos realizada en el Vaticano en febrero de 2017 que en la Argentina no existe el tráfico de órganos.
Brandolino también afirmó otra falsedad “Los restos de órganos de los chiquitos son vendidos a la industria cosmética”. La Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT), asevera que los productos para la higiene personal, cosméticos y perfumes “son aquellas preparaciones constituidas por sustancias naturales o sintéticas o sus mezclas, de uso externo en las diversas partes del cuerpo humano”. Además, la ANMAT detalla 421 materias primas que no pueden “bajo ninguna circunstancia ser utilizadas en la formulación de Productos de Higiene Personal, Cosméticos y Perfumes”. Entre las sustancias prohibidas están las “células, tejidos y productos de origen humano”.
Por más que el Estado mienta, que los funcionarios mientan, que los dirigentes políticos mientan, no es necesario mentir para estar en contra del aborto voluntario. Se trata del asesinato de un ser indefenso y es un asunto de índole moral.