«Se equivocó la paloma, se equivocaba. Por ir al norte, fue al sur. Creyó que el trigo era agua, se equivocaba. Creyó que el mar era el cielo, Que la noche, la mañana, se equivocaba, se equivocaba».
El poema de Rafael Alberti, convertido en popular canción, me hace pensar en nuestro Canciller, Felipe Solá. El controvertido ministro de RREE, una función para la que él no está capacitado y esto ya lo dijimos en esta misma columna al inicio de la gestión, se equivocó y en lugar de ir a la Casa Rosada, donde estaba el presidente para una llamada telefónica con el electo Primer Mandatario estadounidense Joe Biden, fue a la Residencia de Olivos. Tuvo que regresar al centro, pero llegó demasiado tarde a la Rosada para escuchar el dialogo entre los dos presidentes. Por el contrario, estuvieron presentes durante la conferencia telefónica, el jefe de gabinete, Santiago Cafiero, el ministro de Economía, Martín Guzmán; el secretario General de la Presidencia, Julio Vitobello; el secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Béliz, y el vocero presidencial, Juan Pablo Biondi.
Es de suponer que Solá se enteró por esos funcionarios, lo conversado. Pero he aquí que entrevistado por la radio La Voz, el Canciller inventó detalles del dialogo, como que el presidente le pidió a Biden, “dos o tres cosas, todo muy general pero muy importante para la Argentina” y habló sobre un supuesto reclamo que el presidente le había hecho a Biden sobre la postura del director por los EE.UU. en el board del Fondo Monetario Internacional, Mark Rosen.
Aún más, citó textualmente a Biden «El Gobierno que se va no está teniendo las mejores actitudes en ese sentido, en el Fondo. El presidente Biden le dijo que iba a tratar de liberar, de saldar, esa fue la palabra que usó, los problemas financieros de América Latina».
En la Casa Rosada desmintieron a Sola, y aseveran que esa parte de la conversación no existió. El diario La Nación indica que, según fuentes calificadas, en ningún momento se habló del rol que ocupa Rosen. La única mención que se hizo del FMI fue cuando Alberto mencionó al papa Francisco -cercano a Biden- y destacó su ayuda en el Fondo.
En el comunicado oficial de la Casa de Gobierno se afirma que «El presidente argentino puso de relieve su vínculo con el Papa, con quien comparte su amistad. Así le transmitió el agradecimiento que tiene con el Papa Francisco, quien viene ayudándole desde que asumió Fernández a la presidencia y sobre todo en su apoyo en las negociaciones con el FMI. Biden a su vez, sostuvo que tiene valores compartidos con el Papa (…) y sostuvo que siente una gran admiración por él. Le contó su experiencia junto a Francisco cuando, como «el católico en el gabinete» fue él quien guió al sumo pontífice en su visita a Estados Unidos y que el jefe de la iglesia fue de gran apoyo cuando transcurrió una desgracia en su familia»
El canciller se muestra más despistado que la paloma del verso de Alberti. Sus ficticios dichos sobre la comunicación telefónica no ayudan para nada al presidente, tampoco a mejorar los vínculos binacionales, mucho menos con el FMI, tarea que está a cargo del ministro Guzmán. Lógicamente, su ficción sobre la conversación molestó en la sede del gobierno.
Que los dos presidentes se hayan comunicado personalmente es un hecho altamente positivo, con la idea de generar buenos vínculos con la nueva administración norteamericana. Aunque es válido suponer que el embajador en la Unión Jorge Arguello ya había establecido contactos con los funcionarios que conformarán el gabinete de Biden.
El despistado Solá, tampoco participó del almuerzo de trabajo entre los presidentes, el uruguayo La Calle Pou y Fernández, efectuado en la residencia presidencial de Parque Anchorena, de la ciudad de Colonia, en el país vecino. Según el presidente argentino: “Fue una muy buena reunión. Pudimos hablar distendidos sobre los problemas de la región en general y de Argentina y Uruguay en particular”. De manera extraña, el Canciller estuvo ausente y recién se enteró del viaje de Alberto tardíamente. Del encuentro también participaron, el embajador argentino Alberto Iribarne y el secretario de Comunicación y Prensa, Juan Pablo Biondi; por Uruguay, además del mandatario, el canciller Francisco Bustillos.
Urge que el canciller entre en órbita, de lo contrario debe ser reemplazado.