Dom. Jul 19th, 2026

La supuesta «década ganada» del gobierno kirchnerista, resultó un infernal castigo para la sufrida clase media argentina y hoy esta clase media, muy devaluada, está soportando nuevos ataques de otro gobierno del mismo signo, pero que sin duda ha regresado con una evidente idea de revanchismo cuando no de venganza.

Es que la clase media argentina, que fuera legítimo orgullo para el país, se muestra como el mayor freno para las ambiciones desmedidas del más duro cristinismo. Es la clase media la protagonista de los banderazos, es la clase media la que protesta contra los ilegales avances del gobierno, es la clase media la que se muestra celosa guardiana de las instituciones republicanas y es la clase media conformada por intelectuales, académicos, profesionales, profesores, maestros, empleados y obreros, los que, en sus respectivos ámbitos y quehaceres, salvaguardan la constitución, nuestra forma de vida y las reservas culturales y morales heredadas de nuestros mayores.

La clase media argentina, al contrario del Presidente, si reconoce el valor del “mérito” en una sociedad organizada; es la que admiró y se mostró muy feliz viendo jugar a Maradona y traernos la copa del Mundo, pero sufrió al ver al ídolo popular, ser utilizado cruelmente por políticos, narcotraficantes, y un entorno de arribistas. Una clase media que está lejos de compartir los vaivenes del gobierno en sus relaciones con el mundo y que necesita y sabe que Argentina debe ocupar el lugar que ocupó décadas atrás y que legítimamente le corresponde en el contexto global de las naciones.

Una clase media de gran movilidad social y aspirante, que reconoce el valor de la educación y desea que sus hijos sean educados para el Planeta del Conocimiento. Y con los mismos valores morales que hizo grande a la Argentina.

Una clase media cuyos ancestros bajaron de los barcos, dejando atrás a sus seres queridos y que, en estas playas, conservaron sus tradiciones y sus culturas originales, pero sintiéndose profundamente argentinos.  Esos mismos hijos de inmigrantes que hoy son expulsados por el populismo kirchnerista. Y que, en lugar de trabajo y estabilidad económica y política, les ofrecen la salida por Ezeiza.

Es la clase media agredida con mayores impuestos, con el aislamiento más largo del planeta que ha destruido la economía y no ha logrado dominar al coronavirus, con cierre de empresas, con reducciones de sus haberes jubilatorios, con aumentos desmedidos en sus insumos y que debe aportar para que cientos de miles, que no trabajan, ni se empeñan en hacerlo, reciban una ayuda del Estado, que mete la mano en sus bolsillos para sustraer sus magros recursos.

Lo cierto es que la clase media argentina se ha transformado gracias al populismo kirchnerista, en el chivo expiatorio de todas las barrabasadas del gobierno y de la mayoría de los efectos colaterales no queridos, ni previstos. En este escenario, disminuye la clase media y aumenta la pobreza, es que ésta es el caldo de cultivo de los votantes del populismo. Nivelar hacia abajo es la consigna de los seguidores de Cristina y de este modo se aseguran mantenerse en el poder.