Hay funciones que corresponden al Estado, por las dificultades que tiene un ciudadano común, de realizarlas por cuenta propia. Una de estas funciones, es la de los controles bromatológicos, que requiere del poder de policía del Estado para los controles y de laboratorios especializados para saber la calidad y el estado de los alimentos que se ofrecen.
Ciertamente que la ANMAT, Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica, viene actuando con mucha diligencia y con frecuencia observamos cómo prohíbe y advierte sobre productos que no están autorizados o no corresponden con su etiquetado, También lógicamente, los que son peligrosos para la salud.
Pero la Municipalidad, en el ámbito de la ciudad y la Provincia, en toda su jurisdicción, son responsables del control de los alimentos que consumimos.
Actualmente, una gran cantidad de alimentos se venden congelados provenientes de diversos orígenes. Si la «cadena de frío» es cuidadosamente preservada en cada una de las etapas, llegarán al consumidor en perfectas condiciones, ya sean pollos, carnes, pescados, cremas heladas, verduras, etc.. Por el contrario, si sufren la pérdida de la temperatura óptima de congelación en cualquier etapa de la cadena, el alimento se deteriorará, con menoscabo de su calidad y hasta podría volverse peligroso para la salud de los consumidores.
Se llama «cadena de frío» porque se trata de un sistema complejo que debe funcionar correctamente en cada una y en todas las fases, sin fallas. La temperatura es el elemento crítico que no debe interrumpirse nunca. Tres son las etapas básicas, en primer lugar el congelamiento y almacenamiento en cámaras de frío, a cargo del productor; el transporte en vehículos frigoríficos especiales y el buen equipamiento de frío de los locales de venta.
Y vamos a reiterar conceptos ya expresados en esta columna. Con frecuencia observamos que alimentos congelados en origen, son descongelados para ofrecerlos como frescos o enfriados. Y es dable pensar que algunos comerciantes poco escrupulosos, pueden volverlos a congelar, si no los venden. Esto es lo que muchos tememos y solo las autoridades, con un control riguroso, están en condiciones de brindarnos la respuesta.
Hay otras etapas críticas en el mantenimiento de las temperaturas adecuadas de los alimentos congelados. Son cuando se carga y descarga el transporte; cuando se ubica la mercadería en las cámaras del distribuidor, cuando se la manipula para su venta y cuando el comprador finalmente la incorpora a su carrito y la lleva hasta el freezer de su hogar. Pero esta última etapa es responsabilidad exclusiva del adquirente.
El simple ciudadano, no tiene posibilidades de saber cómo han sido tratados los alimentos que consume, para eso está el Estado, tanto el municipal como el provincial, los que, a través de sus direcciones o departamentos de bromatología, tienen la función y misión, de controlar y garantizar que lo que se vende está en óptimas condiciones.
En nuestra ciudad, además de los supermercados y de los negocios correctamente instalados, donde la responsabilidad es de la empresa, se expenden muchos alimentos en la vía pública, sándwiches, pollos a la parrilla, choripanes, prepizzas y pizzas, panes caseros y otros. Consumirlos forma parte de los hábitos y la cultura ciudadana, sin que el adquirente, averigüe mucho que contienen, si los ingredientes utilizados están en condiciones o si han sido manufacturados con un mínimo de higiene. El Estado está ausente en los controles, como en muchos otros órdenes.
La prevención es fundamental. No debe esperarse que se registren casos de intoxicación, o que se descubran elementos nocivos o adulterados en los alimentos, cuando ya sea demasiado tarde. La Municipalidad y la Provincia, tienen la palabra.