El gobierno de Alberto Fernández trató de sacarle redito político al velatorio de Maradona, y con esa finalidad resolvió se efectúe en la Casa Rosada. Ayer en esta columna decíamos que bien podría haber sido velado en un estadio de Futbol, para estar más cerca de los que, en vida, lo amaban e idolatraban, pero con meridiana mezquindad, Alberto no podía dejar pasar esta oportunidad única que se le presentaba para hacer olvidar momentáneamente sus fracasos en salud, en economía y en sus intentos de colonizar a la justicia.
Pero el tiro le salió por la culata. El desorden y un caos generalizado, con corridas, uso de camiones hidrantes y disparos con balas de goma, fue, en definitiva, la penosa despedida al astro mayor del futbol argentino. Esas imágenes son las que ayer recorrieron el mundo, una Argentina desbordada, con un gobierno incapaz de contener y ordenar a los simpatizantes.
La seguridad, según lo dispuesto oportunamente, estaba a cargo del gobierno nacional, y, a pesar de ello, el ministro del Interior Wado De Pedro, intentó inútilmente descargar su propia responsabilidad en el Jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, por el accionar de la Policía de la Ciudad.
Además De Pedro, no tuvo capacidad de ver y evaluar lo que ocurría dentro de la Casa de Gobierno, donde hubo que retirar el cajón de Maradona, porque peligraba, ante el violento desorden que había internamente.
El gobierno utilizó a barras bravas para controlar el velatorio. Claramente se podía ver a uno de los personajes más conocidos como Rafael Di Zeo, de la barra de Boca, ordenar y disponer en el entorno del ataúd.
El desorden comenzó al ingresar Cristina a la Casa Rosada. Tras su entrada, se cerraron las puertas, y allí se iniciaron las protestas. Es que los que esperaban ingresar después de una larga espera se vieron frustrados y en cierta forma defraudados. Cristina estuvo pocos minutos al lado del féretro, junto a Alberto, y luego fue al despacho de De Pedro donde participó de un almuerzo. Así de fugaz fue el encuentro entre el presidente y su Vice, no obstante que no se veían presencialmente desde bastante tiempo atrás.
Alberto fue el que dispuso el velatorio en la Casa de Gobierno, un lugar a todas luces inadecuado, tanto por las pocas facilidades que tiene para contener a cientos de miles de seguidores de Maradona, lo que era totalmente previsible, como el simbolismo que representa. Ni a un Favaloro se veló en la Casa Rosada.
¿Por qué no se organizó el velatorio en un estadio de Futbol, como el de Boca, por ejemplo?, club de los amores de Diego, un espacio mucho más adecuado para velar sus restos, tanto por las facilidades de los desplazamientos de grandes masas humanas, como por el simbolismo que representa un campo de futbol, el deporte donde Maradona alcanzó brillo universal. Solo la mezquindad política de Alberto Fernández, lo explica.
Y una ultima acotación sobre la muerte del astro tan querido por los aficionados al deporte del balompié. Fue el hombre que no pudo estar solo y con el tiempo, no supo estar solo, pero murió solo.