Sáb. Abr 18th, 2026

«Una imagen vale más que 1000 palabras». El antiguo adagio, probablemente chino, y que fuera repetido en muchos idiomas en diferentes épocas y distintos personajes, bien sirve para calificar a la fotografía del presidente Alberto Fernández, y su pareja, reunidos con parte de la familia de Hugo Moyano en la residencia de Olivos.

Penosa imagen, que se agrava aún más porque se puede ver que ninguno usa barbijo, ni guardan la distancia social que enfáticamente exige el gobierno a todos los ciudadanos. Pareciera decir “haz lo que digo, no lo que vieres”.  Pero el reclamo, tan insistente de tomar precauciones ante la pandemia que nos azota, no está vigente para nuestro presidente y sus invitados. Algunos tienen coronita, y se sienten al margen de las normas.  

Nadie sabe con certeza, que une a Alberto con Hugo Moyano, al que calificó de dirigente gremial ejemplar. Es imposible que Alberto ignore la mala reputación del camionero, uno de los dirigentes sindicales con peor imagen. En nuestra nota editorial del 7 de abril de este año, en ocasión de la reinauguración por tercera vez, de un sanatorio de su gremio que nunca abrió sus puertas, que, dicho sea de paso, la refacción, y la compra del complejo médico son investigadas en la Justicia por sospechas de lavado de dinero. Nos interrogábamos sobre la actitud presidencial, ¿Acaso Alberto le teme a Moyano?  ¿Recibió un tirón de orejas de Cristina, su jefa política?  ¿Se dejó llevar por el momento? Y agregábamos, ciertamente que los argentinos estamos acostumbrados al ir y devenir de nuestros políticos… pero los elogios a Moyano y las definiciones del presidente, lo único que generan es una enorme confusión en toda la sociedad. En ese momento alentó al camionero a no ceder ante «empresarios que no lo quieren porque él quiere a los suyos». Insólita frase en boca de un presidente, aunque el presidente sea Alberto Fernández.  

Y decíamos también que Alberto decidió tomar un polémico camino: desafiar a las empresas y tomarse de la mano con el camionero. Ahora, lo recibe en Olivos para un almuerzo y se toma fotos, una absoluta falta de decoro. ¡Y después el entorno presidencial se preocupa por su caída de imagen!

Más allá de que nadie conoce el pensamiento real de Alberto, que por la mañana da su opinión y por la tarde se desdice, sus acciones, en relación a Vicentin, donde dio marcha atrás, ahora con el DNU contra las empresas de telecomunicaciones, son malas señales en momentos que falta acordar una reestructuración de la deuda con el FMI y necesitamos el apoyo del llamado primer mundo.

El fortalecimiento de la empresa privada y lograr nuevas inversiones, es el único camino que nos puede sacar de la fenomenal crisis económica en que el país está sumido. Abrazarse con Hugo Moyano, colmarlo de alabanzas inmerecidas y apoyarse en el camionero, es el camino opuesto y una señal que confunde.