Mié. Jun 17th, 2026

¿Es posible gobernar sin consenso? Es factible, pero será una tarea muy ardua, con el riesgo de inclinarse hacia una autocracia o una dictadura.  Los auténticos estadistas siempre buscan el consenso de la ciudadanía gobernando para todos y no solo para los que lo han votado. El hecho mismo de vivir en democracia, implica vivir en consenso. El consenso, más que necesario, es fundamental, implica tomar en cuenta la opinión de todos los ciudadanos y no solo la de sus partidarios.

Suele decirse que la democracia es el gobierno de las mayorías, pero una democracia auténtica es la de un gobierno que respeta a las minorías, un gobierno donde las mayorías se autolimitan para resguardar los derechos de las minorías.

Ningún gobierno que transgrede sus límites, es legítimo. Está limitado por la Constitución y sus leyes, y por el concepto cabal de democracia. También debe fijarse sus propios límites en beneficio del conjunto. El bienestar general, es el primer mandato de todo gobierno, y está fijado en el Preámbulo de nuestra Constitución.

Recordemos que dice taxativamente: “con el objeto de constituir la unión nacional, afianzar la justicia, consolidar la paz interior, proveer a la defensa común, promover el bienestar general, y asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino”[i] De esto se trata el consenso.

Buscando en el diccionario la definición del término consenso encontré:  Acuerdo o conformidad en algo de todas las personas que pertenecen a una colectividad. Y para ejemplificar el concepto, señala: «para evitar que la crisis económica entorpeciese la consolidación del nuevo régimen era conveniente extender el consenso al terreno de la política económica»[ii]

El ejemplo del diccionario, viene como anillo al dedo a nuestra situación actual. El gobierno no debe hacer oídos sordos a los reclamos de una parte importante de la sociedad, de lo contrario está equivocando el camino. No se debe gobernar sin consenso, bajo el riesgo de perder la democracia.

Y recordemos también que la democracia no concluye en el acto electoral, esto más bien es un comienzo. Un gobierno debe ir construyéndola diariamente con decisiones que la consoliden y no que la vulneren.

Un ejemplo de ilegitimidad democrática, es el proyecto de Reforma Judicial, que evidentemente no tiene consenso y genera múltiples rechazos. Insistir en él, implica debilitar al mismo gobierno que lo promueve y en cierta manera es un agravio a la democracia.