En todos los cenáculos de políticos, economistas, periodistas y empresarios, se analizan y se vuelven a analizar las elecciones del domingo pasado, que dio un imprevisto ganador, Sergio Massa, el ministro de la economía más desequilibrada que conozca la historia de nuestro país. Todos coinciden en que el domingo se escribió un libro nuevo sobre los efectos de la economía en los comicios. Nunca un oficialismo había logrado ganar una elección en un escenario de más de un 40 % de pobres, una inflación récord a nivel planetario, un dólar libre de 1200 pesos y un Banco Central, sin reservas y endeudado. Ciertamente que Argentina no es un país común, pero nadie gana remando contra la corriente.
Recordemos que, en 1992, durante la campaña por la presidencia de los Estados Unidos, el candidato del partido demócrata Bill Clinton, popularizó una frase que lo llevaría a la Casa Blanca “Es la economía, estúpido” contra el republicano George Bush, (la frase luego se hizo famosa) Resulta obvio que en un contexto de enormes desequilibrios económicos, los responsables del desquicio pierdan una elección, no la ganen.

Sin embargo, Massa, obtuvo casi el 37% de los votos, frente al 27 % de las primarias. El otro candidato que logró meterse en el ballotage, Javier Milei obtuvo un 30 %, prácticamente lo mismo que logró en las PASO.
Tampoco afectaron al candidato oficialista, los escándalos de corrupción que tuvieron como protagonista al jefe de Gabinete de la Provincia de Buenos Aires, Martín Insaurralde. A la luz de los resultados, ni la corrupción, ni la economía, parecen preocupar o afectar a los votantes de Unión por la Patria. Algo muy extraño, por cierto.
Claro está que tras la victoria en las PASO del candidato de La Libertad Avanza, el peronismo activó su gigantesco aparato electoral y Massa se transformó en una suerte de Papá Noel repartiendo regalos de todo tipo, estos regalos que incluyen bonos para los trabajadores y jubilados y la eliminación de ganancias para una mayoría de trabajadores, le costó el país (según expertos) la friolera de más de un punto del PBI.
La munición gruesa se la reservó para el conurbano bonaerense, donde vive más de un tercio de los argentinos y hay enormes bolsones de pobreza y de miseria. Diez días antes de las elecciones presidenciales, se descubrieron camiones propiedad del municipio de Lomas de Zamora que entregaban heladeras, materiales de construcción y colchones a los votantes. Una persona agradeció más tarde al presidente peronista de la legislatura local que le enviara una estufa nueva.
De esta manera Kicillof consiguió la reelección y el triunfo en 34 de los 40 municipios del conurbano.

Y también apelaron al miedo. Impusieron la idea de que tanto Milei como Bullrich en caso de ganar la presidencia, avanzaría sobre sus “derechos” y muchos de los beneficios actuales que disfrutan. En las estaciones de tren se exhibieron carteles para mostrar a los pasajeros cuánto aumentarían los precios de sus billetes si se suprimieran las subvenciones. En el caso de un boleto de tren con Milei o con Bullrich pasaría de 56 pesos a 1100. Claro está que si Massa ganaba la elección no se producirían estos cambios.
En este juego del vale todo, Massa y su espacio, utilizaron todas las herramientas a su alcance, sin importarles si son legales o inmorales, para ganar la elección y lo lograron. El Sillón de Rivadavia bien vale estas trampas.
Seguimos mañana
