Mar. Jun 2nd, 2026

Ayer la divisa norteamericana sobrepasó la barrera de los 1000, llegando a cotizarse en Buenos Aires a 1045 y cerrando finalmente en 1010 pesos. Esta estampida cambiaría el oficialismo no la esperaba para antes del 22, día de las elecciones generales, pero el ministro candidato, Sergio Massa, viene jugando con fuego, en lugar de intentar estabilizar la economía, se dedicó a regalar plata del Estado y de las empresas, con total irresponsabilidad y con indisimulados propósitos electoralistas. Todas las medidas que viene tomando Sergio Massa desde que reemplazó de emergencia a la también improvisada Silvina Batakis que solo estuvo 24 días al frente de la economía del país, han profundizado la crisis, de manera que hoy estamos viviendo un fenomenal desbarajuste en toda la economía.

Tras la corrida cambiaria de estos últimos días, es de esperar un fuerte salto inflacionario con el correspondiente aumento de la pobreza y la desesperación de muchos argentinos. El desvergonzado plan “platita” quedó muy atrás y lo que la gente ha recibido como limosna extra, se ha diluido por la alta inflación.

El candidato Javier Milei, actuando también con irresponsabilidad, impropia de quien aspira a conducir la Nación los próximos cuatro años, declara que el peso “no puede valer ni excremento, porque esas basuras no sirven ni para abono». E insiste con su tesis, refutada por una gran mayoría de economistas, de que cuanto más alto esté el dólar será más fácil dolarizar. No solo esto, también impulsa una corrida bancaria cuando aconseja a los poseedores de plazos fijos en pesos, no renovarlos. Lógicamente que los pesos que salen del sistema bancario van a la compra de dólares. Y cuanto mayor avidez hay por la divisa norteamericana, a un precio mayor se cotiza.

Realmente no sabemos en que país estamos viviendo. Ciertamente que los pesos en las manos queman y que los gobiernos, utilizando temerariamente la capacidad del Estado de emitir moneda, han devaluado nuestro signo monetario hasta convertirlo en un simple papel impreso, casi sin valor.

Pero pretender corregir los errores echando más combustible al fuego es de «mala leche» porque va en contra de la gente a la que dice querer ayudar. El gran perjudicado en estas circunstancias es el simple asalariado, también los jubilados con sus magras jubilaciones y los pequeños comerciantes que deben reponer su mercadería a un precio superior al que la vende. Este desquicio es al que apunta Milei echando más leña al fuego.