Uno de los aspectos más dolorosos del desquicio de nuestra economía y del mal gobierno, es el constante éxodo de profesionales y técnicos argentinos a países donde los respetan, les pagan sueldos dignos y son bien reconocidos en sus especialidades.
Uno de esos países es Chile, donde un médico puede recibir hasta 1000 dólares la guardia. Pediatras, clínicos, cirujanos y terapistas, especialmente mendocinos, se van a trabajar al país trasandino.

Santiago y Viña del Mar son las dos ciudades donde van los profesionales argentinos, revalidan sus títulos y buscan empleo en hospitales y clínicas, públicas y privadas. Algunos van sin su familia, que queda en Mendoza, y viajan todas las semanas o cada quince días a trabajar en Chile.
El programa Participate Learning abrió la convocatoria para docentes argentinos que quieran enseñar en EEUU durante el ciclo lectivo 2024-2025. Los que sean seleccionados recibirán el mismo sueldo que un profesor norteamericano, que va entre 35.000 y 55.000 dólares anuales, según los años de experiencia que tenga el maestro al momento de aplicar. Además del sueldo recibirán cobertura médica, pasaje aéreo, acompañamiento en el proceso de obtención de la visa y orientación durante su período de residencia”. Incluso el programa incluye la opción de viajar con su cónyuge e hijos».
Estos son solo dos ejemplos de oportunidades que tienen los profesionales argentinos, de emigrar y/o trabajar fuera del país, pero el espectro es muy amplio. Lo grave es que se trata del éxodo de personas formadas, inteligentes, bien dispuestas, que se van a donde se les reconoce, se les respeta y se les paga un salario merecido.
Según una encuesta realizada por el Observatorio de Psicología Social Aplicada de la UBA, el 70% de los jóvenes argentinos se iría del país. Cinco de cada 10 residentes en nuestros principales centros urbanos, manifiesta que si tuviera la posibilidad emigraría del país. La mayoría de ellos fundamenta su intención en la creencia de que la Argentina “no podrá salir por muchos años de su decadencia”. Sin embargo, entre los jóvenes de 18 a 29 años, el porcentaje aumenta al 70 %. O sea, siete de cada diez jóvenes se quieren ir del país.
La contracara se da en los profesionales que trabajan en tecnologías digitales. Muchos de ellos han regresado al país y trabajan desde acá, para empresas foráneas, recibiendo sus salarios u honorarios en dólares, que son depositados en cuentas en el extranjero para no convertirlos en pesos al cambio oficial.
Mucho hay que cambiar en nuestro país. Sin duda que las políticas populistas han sido y siguen siendo nefastas. El 22 de octubre tendremos la oportunidad de modificar este rumbo y del resultado que se obtenga podrá emerger un nuevo país, que retenga a sus jóvenes brindándoles un horizonte sensiblemente mejorado.
