En un marco celebratorio muy pobre en el que el presidente Alberto Fernández pegó el faltazo, y las autoridades locales no se preocuparon por darle brillo, se destaca la homilía del arzobispo de Tucumán, monseñor Carlos Sánchez pronunciada en el tradicional Tedeum por la celebración del 9 de Julio en la catedral tucumana donde afirmó que “Argentina solo logrará su crecimiento a través de la solidaridad, el esfuerzo y la unidad”.
El prelado tucumano se dirigió a los ciudadanos y les instó a “abandonar la comodidad del anonimato para convertirse en ciudadanos responsables de su país”. “En cada nación, los habitantes desarrollan la dimensión social de sus vidas al configurarse como ciudadanos responsables dentro de una comunidad, no como una multitud arrastrada por fuerzas dominantes”, señaló.
“La multitud es el refugio secreto donde cada uno puede ocultar lo que lleva dentro, lo mejor y lo peor. La enfermedad de la multitud es el desconocimiento, el anonimato y la indiferencia. De esta manera, la multitud cae fácilmente en prácticas demagógicas y presiones indebidas, como el clientelismo y la dádiva, que distorsionan su verdadero significado y degradan la cultura cívica y la dignidad personal”, razonó.

Además de aseverar la necesidad de pasar de una democracia representativa a una participativa “que incluya a todos los sectores y aborde las deudas pendientes de la democracia», Sánchez consideró que “Es fundamental redefinir la política y el ejercicio del poder en términos de servicio, para que nuestra democracia, siempre basada en la soberanía popular y en la separación de poderes, sea auténtica y representativa de los intereses del pueblo”. Argumentó que “para continuar defendiendo la democracia, es necesario educar en el verdadero civismo” y en sus “valores auténticos, como el servicio al bien común, la recuperación de la ética social, la legalidad y la moral pública, para que el sistema democrático pueda protegerse de los males que la desacreditan en la actualidad”.

Sobre las políticas públicas concluyó que deben enfocarse en la lucha “contra la pobreza y la exclusión, la corrupción y la impunidad, el narcotráfico y la inseguridad, garantizando el acceso de todos a la salud y al agua potable, a una educación integral y a un trabajo digno, al cuidado del medio ambiente, a la ética y transparencia en la gestión pública, a la austeridad en la administración estatal y al cambio en el sistema electoral”.

Las palabras del arzobispo no deberían caer en sacos rotos, son definiciones sintéticas, pero concluyentes sobre la democracia que debemos lograr, sobre los valores auténticos de la política, sobre los temas básicos a los que debe abocarse el gobierno y un palo al actual sistema electoral de Tucumán. Bien por Monseñor Sánchez, ojalá que nuestros gobernantes, actuales y electos, hayan prestado especial oído a su mensaje.
