El triste drama que vive una familia argentina en Sallent una localidad cercana a Barcelona, donde dos hermanas gemelas cayeron o se arrojaron desde un balcón del tercer piso, falleciendo una de ellas y quedando la otra en grave estado, gracias a Dios ya fuera de peligro, muestra una faceta muy penosa en las relaciones entre los nativos de nuestros países.
España es nuestra madre patria, heredamos de ella, el idioma, la religión, la cultura, su ordenamiento jurídico y gran parte también de sus instituciones políticas. Desde tiempos de la colonia hasta el siglo XX, Argentina se nutrió de inmigrantes españoles. En diferentes etapas recibimos a los españoles con los brazos abiertos y con espíritu fraterno, venían con sus costumbres y aportando su capacidad de trabajo y de esfuerzo. Un ejemplo es que Buenos Aires, tiene la mayor cantidad de descendientes de gallegos que cualquier otra ciudad del planeta. Nosotros, los tucumanos, asimilamos más de la cultura andaluza y asturiana, por mencionar solo dos regiones de la península ibérica.

Solo la ignorancia puede generar gestos xenofóbicos entre españoles y argentinos, sin embargo, pareciera ser que el problema de las gemelas estuvo generado por el maltrato que recibían por parte de sus compañeros de colegio por su acento argentino. Alejandra, la tía de las gemelas afirma que las niñas eran víctimas de “bullying” aunque el colegio lo niega. Su madre habría denunciado reiteradamente el problema, pero ni las autoridades educativas ni civiles, intervinieron. “Entender qué pasó lo vamos a saber cuándo la pequeña (Leila, la hermana herida) se recupere en el hospital y pueda hablar. La verdadera historia está ahí” dijo la tia.
España sufre una invasión de inmigrantes ilegales, especialmente africanos, que no es el caso de los argentinos. Nuestros compatriotas que están viviendo allá, aportan su formación, sus oficios, sus profesiones, sus conocimientos, no son ni brutos, ni ignorantes, ni delincuentes. De la misma manera que nuestros ancestros españoles aportaron al país laboriosidad y empuje en el pasado, sus descendientes aportan hoy a la madre patria lo suyo. Esto lo reconoce la gran mayoría de los españoles, sin embargo, hay algunos desubicados.

Las leyes argentinas se apoyan en el llamado ius solis o sea la ciudadanía por el lugar de nacimiento, otros países utilizan el concepto expresado en latín como ius sanguinis o sea el derecho de la sangre, lo que indica que la identidad nacional es algo heredado de los padres, una identidad colectiva que se transmite de generación en generación. España reconoce ambos criterios, pero con discernimientos muy restrictivos. Argentina acepta la doble nacionalidad.
Las leyes españolas son mucho más restrictivas que las italianas en cuanto a conceder la ciudadanía a los descendientes de sus nacionales. El que escribe esta nota es nieto de español, en este carácter no tiene acceso a la nacionalidad española, sin embargo, si fuera nieto de italiano, Italia le brinda la posibilidad de obtener la ciudadanía italiana.
Lamentamos lo sucedido a esta familia argentina de emigrantes y le damos nuestro sentido pésame. Ojalá que de una buena vez termine el penoso bullying que se da en la escuela primaria y secundaria. Burlarse de un compañero por su forma de hablar, por su nacionalidad, por el color de su piel, por sus creencias religiosas o por algún defecto físico, es muy cruel y muy triste.