Resulta muy preocupante para los católicos del mundo entero, la situación de la Iglesia Católica en Nicaragua. En los últimos meses el escenario se ha vuelto mucho más conflictivo. En días anteriores, la Policía Nacional de Nicaragua que responde a Daniel Ortega, impidió salir de la casa curial de Matagalpa al obispo de esta jurisdicción y administrador de la diócesis de Estelí, Rolando Álvarez
El Papa Francisco está muy atento al problema, después del rezo del Ángelus el 21 de agosto último, señaló que seguía “de cerca, con preocupación y tristeza, la situación en Nicaragua, que preocupa a personas e instituciones”, Dos días antes, un obispo y ocho religiosos fueron detenidos por las autoridades nicaragüenses.

“Quiero expresar mi convicción y mi esperanza de que, a través de un diálogo abierto y sincero, aún se puedan encontrar las bases para una convivencia respetuosa y pacífica”, insistió Francisco quien concluyó con esta oración: “Pidamos al Señor, por intercesión de la Pura Purísima, que suscite en el corazón de todos, una voluntad tan concreta”.
Las tensiones entre la Iglesia Católica y el régimen de Daniel Ortega han venido creciendo hasta llegar a un punto extremo. Los orteguistas acusan a la Iglesia Católica de ponerse del lado de los manifestantes que han desafiado su poder desde 2018.
Es que, desde ese año, Nicaragua viene atravesando una crisis política sin precedentes marcada por una fuerte oposición al gobierno que, según se informa, ha llevado a la muerte a cientos de personas y ha obligado a miles de nicaragüenses a exiliarse. En esta crisis, la Santa Sede trató de articular las negociaciones entre el poder de turno y los opositores, pero todo resultó en vano. Más de 1.600 personas han sido detenidas arbitrariamente poblando las cárceles del país, según un informe publicado en diciembre de 2020 por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH).

En marzo último, el Nuncio Apostólico en Nicaragua, Monseñor Waldemar Stanislaw Sommertag, fue expulsado del país, una decisión entonces calificada como “grave” e “incomprensible” por el Vaticano. El obispo Sommertag había pedido repetidamente la liberación de los presos políticos, como lo hizo el Papa Francisco en 2019.
El secretario general de la ONU, António Guterres, dijo el 19 de agosto que él también estaba “profundamente preocupado por la grave reducción del espacio cívico y democrático y las últimas medidas contra las organizaciones de la sociedad civil, incluidas las de la Iglesia católica”.
Nicaragua ha entrado a formar parte del “pequeño” grupo de naciones que persiguen a la Iglesia católica; un grupo que tiene entre sus miembros a Rusia, a Corea del Norte, a Cuba y, por supuesto, a China. Todos países bien queridos por el kirchnerismo y muy afines al cristinismo.

A la asunción de Ortega, asistieron los presidentes de Cuba y Venezuela, Miguel Díaz Canel y Nicolás Maduro, también Mohsen Rezaei, un iraní implicado en el atentado a la AMIA. Al lado de ellos estaba nuestro embajador Daniel Capitanich, ni enterado de la presencia del iraní. Un tanto distraído el hermano del Gobernador del Chaco, Jorge Capitanich.
Una acotación al margen, para nuestros defensores de los DDHH, cuando los gobiernos que los vulneran son de izquierda y amigos del kirchnerismo, todo está permitido; para estos países, no existen los DDHH. ¿O usted escuchó a Estela de Carlotto o a Hebe de Bonafini, protestar por las violaciones a los DDHH en Cuba, Venezuela, Nicaragua o Rusia?