El diccionario define a la mentira con una afirmación que una persona hace consciente de que no es verdad.
En la defensa de Cristina, lo dominante es la mentira, ella la usa con frecuencia, como bien sabemos, sin embargo, pareciera estar auto convencida de que sus afirmaciones son verdaderas, lo que es peor aún.
Mienten al intentar defenderla los miembros de la Cámpora, legisladores y funcionarios cuando sostienen que la justicia la persigue con el objetivo de proscribirla. Si es condenada en esta primera instancia, la vicepresidenta puede apelar a un tribunal de casación y todavía le queda el recurso extraordinario ante la Suprema Corte. La legislación electoral argentina le permite ser candidata hasta que su condena quede en firme en esta última instancia. Recordemos el caso de Carlos Menem; hasta llegar a su definitiva condena, transcurrieron muchos años, mientras él continuaba siendo senador por su provincia natal La Rioja. En aquella ocasión la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) señalaba que «el promedio de duración de una causa de corrupción en la Argentina es de 14 años».

Hasta que su caso o sus casos, tengan sentencia definitiva en la Corte, Cristina podrá ser candidata a los cargos que quiera, sin impedimento legal.
Miente Cristina cuando dice que el tribunal le ha coartado el derecho a defensa. No es así, todavía tiene posibilidades de decir lo suyo en la etapa de alegatos de su defensa, lo puede hacer ella misma por ser abogada, y en las palabras finales antes de que se dicte sentencia.
También miente cuando señala que ella fue una “pelotuda” para usar la misma palabra, por desconocer lo que su entonces secretario de Obras Públicas, José López, hacía. Es imposible que tanto ella como el difunto Néstor no supieran de las más de cincuenta obras públicas adjudicadas a Lázaro Báez en la provincia de Santa Cruz, donde el matrimonio presidencial residía.

Y por supuesto que miente la vicepresidenta cuando afirma que es una “perseguida política”. La acumulación de pruebas presentadas por los fiscales, muestran con meridiana claridad los tejes y manejes de ella y sus funcionarios, junto al devenido empresario, Lázaro Báez, para producir el mayor saqueo al Estado que se conozca. Y bien debe saber ella, por su condición de abogada, de que la ley debe ser pareja para todos los ciudadanos, sin privilegios para nadie.
Estas movilizaciones de apoyo a su figura política, que estamos viendo en estos días, no corresponden, y mucho menos ser alentadas por ella, sin medir sus alcances. Cuidemos la paz social, porque se puede ingresar en el caos, lo peor que podría sucederle a nuestra castigada Argentina.