Hoy teníamos planeado analizar el mundo irreal en que vive Alberto y sus consecuencias para el país. Es que el presidente se muestra cada día más alejado de la penosa realidad que complica enormemente la vida de los argentinos. Ya decíamos el jueves en ocasión de su viaje a Jujuy para visitar a Milagro Sala que el país estaba agobiado por la altísima inflación, por la falta de gasoil, por un dólar que se dispara sin encontrar un techo, por el cepo a las importaciones, por los reclamos de las organizaciones sociales, y cuando la mesa de enlace del campo ya tiene decidido un paro para el 13 de julio por el desabastecimiento de gasoil y fertilizantes, entre otros reclamos.
El presidente, en su mundo de fantasía, atribuye los problemas a una “crisis de crecimiento”, dejando atónitos a propios y extraños.

Pero el portazo del sábado del ministro de Economía Martín Guzmán, renunciando a su cargo, justamente cuando en Ensenada hablaba la Vicepresidenta Cristina, desató una verdadera crisis en el gobierno, una crisis política de envergadura. Guzmán lo hizo a través de una carta publicada en sus redes sociales, que el Presidente conoció solo un par de horas antes, y que sorprendió a Cristina Kirchner una vez que terminó su vehemente discurso en Ensenada, con duras críticas a la gestión presidencial.
Durante todo el domingo, hubo febriles encuentros en Olivos, entre los mayores referentes de la coalición oficialista. Se barajaron muchos nombres y se elucubraron cambios profundos en el Gabinete. Los medios de comunicación estuvieron toda la jornada dedicados al asunto y las cámaras de los movileros enfocando al verde portón de la residencia presidencial de Olivos.

El país entero se mantuvo en vilo y se formularon todo tipo de especulaciones. Es que Guzmán, que arregló la deuda con los acreedores y con el FMI, no pudo contener la inflación, ni disminuir la pobreza, tampoco reducir el déficit fiscal, generador de los grandes males de nuestra economía. Sin embargo, los empresarios, los banqueros y los analistas económicos estaban convencidos de que cambiar al ministro, sería mucho peor que mantenerlo. Cristina, por su parte, haciendo valer su liderazgo de la coalición, desde hace tiempo, venía pidiendo la cabeza de Guzmán y de otros funcionarios del área económica.
Finalmente, ya de noche, se conoció que el cargo vacante sería ocupado por Silvina Aída Batakis, una economista que ocupó el cargo de ministra de Economía de la provincia de Buenos Aires entre los años 2011 y 2015, y actualmente se desempeñaba como secretaria de Provincias, en el Ministerio que conduce Wado De Pedro.
Fue Cristina la que impuso su nombre, a través de una comunicación telefónica entre el Presi y su vice.
Alberto queda profundamente debilitado, no tuvo fuerza ni para conservar a su ministro estrella. Y se lo advierte cansado y envuelto en un mar de contradicciones. Lo grave es que aún le queda año y medio de mandato.
En las próximas horas veremos si el retoque del gabinete se profundiza y cuál será el rumbo a la economía que impulsará la flamante ministra. También observaremos si los mercados responden de manera positiva al cambio o no. De todas maneras, Batakis recibe una brasa ardiendo, los problemas son muchos y los recursos para resolverlos, muy pocos. Por el bien de todos los argentinos, le deseamos éxito en tan gigantesca tarea.