Mar. May 26th, 2026

Recientemente nuestro presidente participó de la Cumbre del G20 en Italia, Grupo donde Argentina todavía no fue excluida, y de la Cumbre del Clima, en Glasgow Escocia.

Para trasladarse, junto a una numerosa comitiva, que según el gobierno fue de 60 personas, se fletó un avión de Aerolíneas Argentinas, con un costo de 340.000 dólares.  Resulta incongruente que al mismo tiempo que mendigamos el apoyo de las principales potencias para llegar a un acuerdo con el FMI, anticipando que no podremos pagar los vencimientos del año 2022, se haga tal ostentación de gastos, absolutamente inútiles.

Fue demostrativa de esto, la foto de la entrevista con el premier canadiense Justin Trudeau; de un lado de la mesa, el ministro canadiense solo, del otro lado Fernández acompañado de cinco colaboradores. Resulta evidente la falta de austeridad de Alberto, aún en esas ocasiones.  

Con este viaje el presidente perseguía tres objetivos, una entrevista con el Papa, una reunión bilateral con el presidente norteamericano Joe Biden y sentar las bases de un acuerdo con el FMI. En ninguno de los tres tuvo éxito.

Fueron inútiles las gestiones para que Francisco recibiera a su compatriota. El Sumo Pontífice si recibió al presidente de Corea del Sur, Moon Jae-in y a su par estadounidense, Joe Biden en una larga entrevista, pero la negativa de recibir a Alberto o a algún miembro de su equipo fue terminante. Desde el Vaticano informaron que, en vista la cercanía de las elecciones legislativas, el Pontífice no iba recibir a nadie de su país. Pero se coló que el Papa Bergoglio está muy molesto con el gobierno argentino, no solo por haber impulsado el tema del aborto, sino también por los últimos cambios en el gabinete, donde ingresaron algunos personajes muy mal vistos por la iglesia.

También fracasaron las gestiones para un encuentro con Biden, no obstante que, durante cuatro días, en Roma y en Glasgow, compartieron estancia. Se cruzaron fugazmente en la Cumbre del G20, pero Biden apuró el topetazo, sospechando las intenciones de Alberto de hablar mal de Donald Trump, lo que hubiera obligado al presidente norteamericano de defenderlo porque es una norma institucional.

Con Kristalina Gueorguieva, tampoco le fue bien, la directora del FMI, viene exigiendo un plan económico que sea sustentable, pero este plan no existe, y sin plan no habrá acuerdo. Esto es lo que pudo recoger Alberto.

No vamos a referirnos a las fallas protocolares, que fueron destacadas por la prensa, pero sí, a la poca importancia que el gobierno da a las RREE. Puso en el cargo a un político no preparado para ejercerlo, como es Felipe Sola, quien fue reemplazado sin pena ni gloria por uno peor, Santiago Cafiero, al que le dieron la Cancillería como destino consuelo al despojarlo de su investidura como Jefe de Gabinete.  No toma conciencia de la importancia de las relaciones exteriores en un mundo cada día más interdependiente, entre naciones y regiones.

De hecho, en su entrevista con el presidente de Francia Emmanuel Macron, se dieron dos versiones sobre lo conversado. En el comunicado de nuestro país no se habrían tocado los temas Venezuela y Nicaragua, lo que si fue destacado en el comunicado del gobierno francés.

A su regreso al país, Fernández recibió a Evo Morales y a Rafael Correa y participó de un acto donde se presentó un libro sobre el “golpe de Estado” en Bolivia, que desalojó a Evo. Al hacer uso de la palabra Fernández dejó algunas frases muy sugestivas, como cuando le dijo a Morales que «debía admitir que tenía sana envidia» por la lealtad que «mantuvo en todo momento» su vice cuando se produjo el golpe en noviembre de 2019. En otra parte de su discurso Fernández señaló que «Brasil tuvo la suerte que hasta aquí no hemos tenido nosotros, de contar con una Corte digna, capaz de auto revisarse…».

Palos para su Vice, Cristina y palos para la Suprema Corte.  Insólito.