Las imágenes que nos trajeron los canales de televisión porteños, resultaron muy penosas, personas pisoteando las piedras que representan a un muerto por el Covid y militantes peronistas arrancando las fotografías colocadas allí por familiares de las víctimas en Plaza de Mayo.
Tanto las piedras como las fotos habían sido colocadas sobre el Monumento al General Manuel Belgrano el pasado 4 de septiembre, durante la “segunda Marcha de las piedras”, promovida por ciudadanos autoconvocados para recordar a amigos y familiares fallecidos durante la pandemia.
La indignación se potencia al comprobarse que, entre las fotos arrancadas por los manifestantes se encontraba la de Solange Musse, la joven de 35 años enferma de cáncer que murió el 21 de agosto de 2020 sin poder ver a su padre, Pablo Musse, debido a las restricciones sanitarias impuestas por el gobierno. Musse recién pudo ingresar a la provincia de Córdoba días después del deceso de su hija, para asistir al velatorio y al entierro.
¿Que sentido tiene profanar este espontáneo santuario, cuya única finalidad es rendir tributo a las víctimas de la pandemia? De alguna manera, este vandálico hecho implica el reconocimiento de culpabilidad del gobierno por el mal manejo de la pandemia y la demora en la compra de vacunas, al llegar a la astronómica cifra de 115.000 muertos.
La indignación colectiva generó unas cataratas de reclamos en las redes sociales, es que resulta increíble que se vandalice algo que debería ser respetado celosamente por todos los argentinos, tengamos o no, familiares o amigos muertos por la pandemia. “Simbólicamente pisotearon a los muertos y se burlaron del dolor ajeno. Que lindo es estar del otro lado de la grieta. Siempre lejos, bien lejos, de esta gente”, escribió @Robelbza, estudiante de Derecho de la UBA, en su cuenta de Twitter.
Una de las integrantes del Equipo Republicano, que custodia el lugar, indicó al diario La Nación, que los ataques al memorial coincidieron con el ingreso de las columnas de militantes del PJ del conurbano. “Ahí llegó mucha gente que nos empezó a insultar. Eran cerca de 50 personas que nos decían de todo y cantaban macristas hijas de puta. A mí me empujaron y me golpearon cuando iban hacia las piedras”, dijo Aura Marina Ríos Flores, del mismo Equipo Republicano.
El acto para celebrar el Día de la Lealtad había sido convocado por la Asociación Madres de Plaza de Mayo, en una iniciativa a la que luego se sumaron organizaciones como la CTA, ATE, el Partidos Miles y La Cámpora. Posteriormente hubo una convocatoria institucional del Partido Justicialista (PJ) a través del presidente Fernández, en su calidad de jefe del Consejo Nacional partidario.
El presidente no asistió, pero fue blanco de duras críticas, por parte de Hebe de Bonafini, que exigió el no pago al FMI. También fueron críticos de Alberto, Amado Boudou, el intendente Mario Secco, de Ensenada y el sindicalista Roberto Baradel.
Si Perón se levantara de su tumba y viera y oyera a estos personajes que poco o nada tienen de justicialistas, se indignarÍa, los calificaría de infiltrados y los correría de Plaza de Mayo, como lo hiciera, con los “jóvenes idealistas” aquel 1 de mayo de 1974.
Claro está que el sindicalismo y otras organizaciones peronistas, recién festejaron el 17 de Octubre, al día siguiente, para marcar una clara diferencia.