El nepotismo y otras prácticas obscenas en la política

El nepotismo es una de las prácticas habituales más detestable en nuestra política comarcal. Esposas, esposos, hijos hermanos, sobrinos, primos, cuñados, se alternan entre sí, candidateándose y asumiendo cargos políticos electivos, utilizando siempre las mismas mañas electoralistas.  Se cuidan de esta manera los jugosos “puestitos”, todos de altos ingresos, perpetuándose en sus cargos en una suerte de modalidad familiar hereditaria.
No caben dudas de que existe una maquinaria electoral muy bien aceitada que permiten a los que usufructúan del poder, mantener sus poicionamientos.  Tucumán ha dado en el pasado lamentables muestras de que los comicios son un grotesco remedo de democracia.

En noviembre se realizarán las elecciones para legisladores nacionales. Las elecciones previas, las PASO, revelaron una sorpresa en todo el país. El kirchnerismo perdió en la mayoría de los distritos, incluido el más importante electoralmente, la provincia de Buenos Aires. En Tucumán, como una oveja negra entre las provincias más pobladas, el oficialismo, con dos listas que competían entre sí, obtuvo una mayoría de votos. Como es habitual, se utilizaron los mecanismos fraudulentos bien conocidos, como el acarreo de votantes y entrega de dinero a cambio del voto.

Un episodio, podría resultar muy cómico, de no ser porque bastardea el acto electoral, lo que debería ser sagrado en cualquier democracia republicana. Un grupo de votantes reclamaban a un legislador el pago de una suma de dinero que les había prometido. Estos estafados votantes lo reclamaban a viva voz ante cámaras y micrófonos.

Ni hablar de las elecciones provinciales, cuando se renuevan la totalidad de los cargos electivos. El sistema constitucional de acople, que debería ser cambiado, genera miles de postulantes a ocupar 345 cargos que se distribuyen entre gobernador y vice; 49 bancas legislativas, 19 intendencias, 182 concejalías y 93 delegaciones comunales. La movilización es terrible, y se utilizan los más obscenos recursos clientelistas, como bolsones con alimentos, acarreo de electores, urnas embarazadas, votos cadenas, planes sociales con amenazas de quitárselos, telegramas fraguados y ahora, el pago en efectivo por votos.

En Tucumán, solo hay una grotesca fachada de democracia, nada que ver con la de una auténtica república, y cuando a un legislador, intendente, cncejal, se le vencen los tiempos constitucionales para poder ser reelecto, continúan percibiendo estas jugosas prebendas a través de sus hijos, madres, hermanos, cuñados, de manera que la economía familiar no se resienta.

Tucumán, especialmente, pero también todo el país, requiere de un profundo cambio en las prácticas políticas. Esperamos que algún día volvamos a nuestras raíces y logremos gobiernos justos, austeros y decentes.  Quizás no falte tanto, los resultados de las PASO están demostrando que soplan vientos de cambio.

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