Es absolutamente razonable que un Ministro de la Nación, pueda designar a sus colaboradores, aún más, tiene que asegurarse de que sean sus aliados en la toma de decisiones. Es el titular de la cartera el que señala el rumbo y el que no esté de acuerdo tiene que irse. De igual manera si un ministro advierte que un funcionario de su equipo, actúa de manera diferente y no sigue sus pautas, corresponde pedirle la renuncia.
Esto acaba de suceder en el ministerio de economía, conducido por Martín Guzmán, cuando le pidió la renuncia al subsecretario de Energía, Federico Basualdo, un hombre de La Cámpora, quien expresaba su desacuerdo con la reducción de los subsidios a la electricidad, una previsión del ministro para no aumentar el ya abultado déficit fiscal.
El último viernes después que el presidente Alberto Fernández informara sobre las medidas para la pandemia. El secretario de Energía, Darío Martínez, comunicaba de manera semioficial que Basualdo dejaba su cargo por “incompetencia”, ya que no había avanzado con el estudio de segmentación de tarifas que le habían pedido. Por la tarde La Cámpora informaba que nadie le había pedido la renuncia a Basualdo y que este continuaba en su cargo.
Guzmán le expreso su desagrado a Alberto por la situación, le planteó que si no era respaldado en su decisión de sacar a Basualdo tenía pensado dejar el cargo. Le dijo al presidente que no estaba dispuesto a continuar como un ministro devaluado. El primer mandatario le aseguró que Basualdo dejaría su cargo, pero no de manera inmediata sino cuando le encuentre un reemplazante. Va a llevar un tiempo le habría señalado.
El respaldo de La Cámpora a Basualdo va más dirigido al presidente que a Guzmán. Es un gesto más del cristinismo en contra de Alberto, que se devalúa cada día más. Tiene que luchar internamente con una Cámpora insolente que pregona decisiones de gobierno que lejos de apuntalarlo lo erosionan cada día con mayor dureza.
Y estas rencillas se dan en un escenario malo para el país. No hay dudas ya, de que el manejo de la pandemia fue desacertado, tanto por la larga cuarentena del 2020 que destruyó la economía, dejó a los chicos sin clase, aumentó la criminalidad e incrementó los niveles de pobreza, y ahora, por los problemas con las vacunas. Una sumatoria de errores y desajustes en la adquisición, como en hechos vergonzosos e inmorales en la aplicación de las mismas.
Alberto, en lugar de acudir al diálogo, a un diálogo que incluya a la oposición y a los diversos sectores sociales, se trenzó en disputas inconducentes, más propias de un compadrito de barrio que las de un Primer Mandatario. Con un frente interno al rojo vivo y sin apoyos institucionales firmes, el país continuará sufriendo las consecuencias.Zona de los archivos adjuntos