Dom. Abr 26th, 2026

Mucho hemos reflexionado sobre las vacunas contra el coronavirus y volvemos sobre el tema. Lo que es un hecho hoy, es que el gobierno nacional se metió en un laberinto muy complejo, por errores propios y no por culpas ajenas.

Nunca se aclaró que ocurrió con las vacunas comprometidas con el laboratorio Pfizer, una de las vacunas más prestigiosas y que no está cuestionada en ninguna parte del globo. Pfizer incluso experimentó en nuestro país con voluntarios en la fase clínica. Ahora la asesora presidencial Cecilia Nicolini anunció que se vuelve a negociar con el laboratorio estadounidense. Según un funcionario del área de Salud que optó por el anonimato, Pfizer le había ofrecido a la Argentina 13,3 millones de dosis de su vacuna a partir de diciembre pasado.

Ante la incomprensible actitud de nuestro país de cancelar los acuerdos con Pfizer, el presidente del Uruguay Luis Lacalle Pou levantó el teléfono y llamó desde su celular a Buenos Aires. Logró así abrir las puertas del laboratorio lo que le permitió al país vecino acceder a 2 millones de vacunas.

Según una nota de Joaquin Morales Sola, publicada hoy en el diario La Nación, ese mismo funcionario de salud, le aseguró que el fondo Covax de la Organización Mundial de la Salud, que almacena vacunas de primer nivel, ofreció hasta 25 millones de dosis a nuestro país, pero el Gobierno solo contrató 2,5 millones (es decir, el 10 por ciento).[i]

Se especula que el tema tiene un telón de fondo, el contrato que se firmó por la provisión de 22 millones de vacunas con el laboratorio Astra Zeneca, vinculado con el empresario Hugo Sigman (reconocido aportante económico a las campañas del kirchnerismo).  El Estado ya abonó el 60 % del contrato, (unos 54 millones de dólares) pero el país todavía no recibió ninguna dosis.

Se supo que el fiscal federal Guillermo Marijuan, tiene en carpeta llamar a indagatoria al empresario, lo que se produciría en los próximos días, por lo que llaman “una defraudación al Estado histórica”, no solamente por el volumen de dinero que el Estado argentino ya pagó, sino porque se trató de vacunas que jamás fueron entregadas, en medio de la segunda ola de una feroz pandemia.

Argentina está recibiendo dosis de la vacuna china Sinopharm, una vacuna no autorizada ni en EEUU ni en Europa y que, según los especialistas argentinos, tiene poca capacidad inmunizante. Y para cerrar este absurdo de las vacunas y completar el cuadro de país de tercera categoría, se está hablando de supuestas negociaciones para proveerse de una vacuna cubana, que solo la conocen en Cuba. Insólito.

Sin duda que el expulsado ministro Ginés González García, echado del gobierno por el vacunatorio VIP, tiene mucho para informar y aclarar. Es el principal responsable, junto al presidente Fernández, de este intríngulis kafkiano con las vacunas y del gran atraso que registra nuestro país, en las aplicaciones de las dosis.