Lun. Abr 27th, 2026

No hay duda de que estamos mal, pero siempre podemos estar peor. La segunda ola del coronavirus se muestra peor que la primera y la sociedad, más pobre y preocupada por la larga cuarentena que decidió el gobierno en 2020, está realmente agobiada.

En este complejo escenario las marchas, cortes de puentes, accesos, calles o avenidas por grupos piqueteros, o simples protestantes que intentan llamar la atención para sus problemas y que impiden la libre circulación de los que trabajan y producen, es un problema grave que complica más el enrarecido panorama.

La mayoría de los cortes y los de mayor envergadura, son encabezados por organizaciones como el Polo Obrero (PO), el Movimiento Teresa Rodríguez-histórico, MTR-votamos luchar y el Movimiento 29 de Mayo, etc, según las circunstancias.   Los reclamos abarcan un amplio abanico que van desde el pedido de «trabajo digno y asistencia alimentaria» hasta la oposición al FMI y cuestionamientos al plan económico.

Los cortes están generando problemas serios, no solo en la ciudad de Buenos Aires, donde usualmente cortan el Puente Pueyrredón impidiendo el ingreso de miles de vehículos a la Capital y también en el microcentro donde cortan las dos manos de la Avda 9 de julio, la principal arteria de la ciudad, incluidos los carriles del Metrobus, sino también en todo el país. Después de una asamblea realizada en el Obelisco, anunciaron un plan de lucha a nivel nacional.

Desde el Ministerio de Desarrollo Social indican que desde el año 2020, «en materia de inversión social, el Gobierno nacional volcó 133.000 millones de pesos a sostener la crisis alimentaria y laboral provocada por la Covid 19», pero resulta evidente que toda ayuda es insuficiente en un marco de extrema pobreza como el que transitamos. Lo peor es que esta situación está siendo aprovechada políticamente por la extrema izquierda.

Ante la inacción de jueces y fiscales, que miran para otro lado, los piqueteros se han adueñado de las calles.
Las autoridades en cada jurisdicción, no solo deben atender a este tipo de movilizaciones, sino también a la generada por pequeños grupos, algunos minúsculos, que producen cortes para protestar por cualquier tema, con frecuencia por asuntos de seguridad. Un ejemplo: días atrás un grupo de no más de una docena de personas cortaba el acceso norte a San Miguel de Tucumán. El corte era total, por lo que había que buscar vías alternativas, que no son buenas en ese lugar. Cientos de vehículos de todo tipo se vieron atascados y tuvieron que deambular por la zona y dar un amplio rodeo para ingresar a la ciudad. Se perdieron horas de trabajo, se gastó mucho combustible, no pocos llegaron tarde a sus citas, a consultas médicas. En fin una situación caótica, que bien podía haberse evitado haciendo que la policía negociara con los piqueteros. Debieron convencerlos de cortar solo media calzada y dejar la otra mitad liberada. Algo muy simple de hacer, pero que las autoridades no parecen dispuestas a resolver. En algún momento podría producirse un hecho de violencia que hay que evitar.  

La falta de respeto por el ciudadano común, por el que trabaja, enseña o estudia, es tan lamentable como vergonzosa. Desde el Gobernador hasta la policía pasando por los intendentes tienen que asegurar el orden e impedir el caos. No se trata de reprimir, sino de hacer cumplir la ley y las ordenanzas. La libre circulación es un derecho consagrado por nuestra Carta Magna.