En nuestra Argentina actual, todavía hay muchos que creen que la Caja del Estado es inagotable, que es fabulosamente rica y que hay dinero para cualquier idea loca.
La Caja del Estado, que en economía se la menciona como Tesoro Público, se forma básicamente con nuestros impuestos y son los recursos que el Estado tiene, para hacer frente a sus gastos.
Claro está que hay otros mecanismos para aumentar el Tesoro Publico, como las ventas de activos estatales, emisión de deuda de diferentes tipos, y, como actualmente ocurre en nuestro país, con emisión de moneda, que no tiene respaldo. Pero básicamente los recursos genuinos que nutren la Caja del Estado provienen de los impuestos.
Los que creen y están convencidos de que el Estado todo lo puede, están muy equivocados, cuando el Estado gasta más allá de sus recursos, estos se cubren, aumentando impuestos y si estos, son excesivos, el productor se desmoraliza y se ahuyenta a los inversionistas, la economía toda puede caer en la tan temida recesión.
También se puede emitir moneda que solo son papeles pintados, pero el costo de ello, implica depreciación del signo monetario frente a otras divisas e inflación. La historia monetaria del planeta registra casos de hiperinflación, donde los billetes debían llevarse en carretillas para adquirir algún producto. Y en el caso argentino, cambiamos el signo monetario varias veces quitándole al peso original 13 ceros.
Resulta evidente que la principal causa de nuestros males, es el excesivo gasto del Estado. Un Estado sobre dimensionado, que no se ajusta a si mismo, y que exige a los que producen, que ellos paguen el ajuste.
Un ejemplo incuestionable es el nuevo impuesto a la riqueza, que implica una doble tributación, ya que ese patrimonio que ahora se grava, ya paga impuesto por bienes personales. Producirá sin duda, una catarata de amparos judiciales que en definitiva resolverá la Suprema Corte.
Y un claro ejemplo del mal gasto del Estado, son las empresas estatales, que, en lugar de producir ganancias, generan pérdidas millonarias. Según lo consigna el diario La Nación en su edición de ayer, 24 de noviembre, hasta el tercer trimestre de este año el Estado envió a las principales empresas públicas $124.040 millones en concepto de transferencias corrientes, o subsidios. Pero ese número no es absoluto ya que hay algunos envíos, a Aerolíneas Argentinas y Austral, por caso, que se asientan como transferencia de capital cuando, en realidad, son subsidios. De ahí se llega al número de $557 millones diarios.[i]
Lo destaco por si hubiera escuchado mal. El Tesoro Público transfiere a las empresas estatales, la friolera de 557 millones de pesos cada día.
Según la nota de La Nación, durante los primeros nueve meses de este año, las empresas perdieron un 60% más que el año pasado, cuando la cuenta llegaba a $344 millones cada 24 horas.
Estas empresas deberían estar aportando al Tesoro con sus ganancias y no recibiendo subsidios por sus enormes pérdidas. Es un claro ejemplo de la Argentina del absurdo.
Queremos un país normal o continuar en la joda. Esa es la pregunta que todos debemos formularnos. ¿Cómo es posible que la jubilación mínima que alcanza a unos 4 millones de jubilados, con el aumento de diciembre, ronde los 19.000 pesos, y un juez de la Corte al jubilarse tenga un retiro de 853.000 pesos mensuales libre de impuestos, como son los haberes del ex juez Eugenio Zaffaroni?[ii]
Un disparate total, pero muy penoso. Y todos estos desaguisados se pagan con los recursos del inagotable Tesoro Público. Pero, están todos equivocados, el dinero de la Caja del Estado, se agota y concluye en una crisis.