El linchamiento por parte de un grupo de vecinos de nuestra ciudad, del sospechoso de haber asesinado a la pequeña Abigail Riquel, nos degrada como sociedad al estado más primitivo. Sin gobierno, sin ley y sin orden, nos retrotraemos a tiempos muy antiguos, a tiempos salvajes, donde impera la violencia y la única razón es la razón de las bestias.
El que redacta esta nota editorial, no ha visto a través de las redes, las crudas imágenes de la barbarie, que se han viralizado. Resulta difícil imaginarlas, pero se dice que hasta había gente que aplaudía el horror que se estaba viviendo.
¿Que nos está ocurriendo como sociedad para que ingresemos en este estado de anomia? En sociología el término anomia se utiliza para describir una situación donde las reglas sociales se han degradado o eliminado y ya no son respetadas por los miembros de una comunidad. También se utiliza el término para referirnos a la carencia de leyes.
Venimos sosteniendo desde esta columna que Tucumán vive de escándalo en escándalo. ¿Cómo no va a ser escandaloso lo que gasta anualmente nuestra Legislatura? ¿Cómo no va a ser escandaloso que un camarista denuncie a un miembro del Tribunal Supremo de la Provincia, por tráfico de influencias y violación de los deberes de funcionario público? ¿Cómo no va a ser un escándalo que la provincia no encuentre solución para resolver uno de los servicios básicos, como es el transporte de pasajeros? ¿Cómo no va a ser un escándalo que después de 8 meses de cuarentena, en Tucumán se registren unos 1500 contagios diarios y ya sumen más de 42.000 los contagiados por coronavirus en total? ¿Como no va a ser escandaloso el estado de nuestras cárceles, que en lugar de ser sanas y limpias como orden la CN, someten al individuo que ha delinquido a vivir en condiciones infrahumanas?
¿No hay leyes, no hay reglas, no hay ordenanzas, no rige el estado de derecho en nuestra provincia? El linchamiento del sospechoso, pareciera decir que no.
Está claro que es el Estado el que debe suministrar seguridad y justicia. Ya en el siglo XVII el filósofo inglés Thomas Hobbes, señalaba que el principal rol del Estado es brindar seguridad a los ciudadanos.
Lo ocurrido debería ser un fuerte llamado de atención a los tres poderes del Estado, a la dirigencia política y a la sociedad toda. Volver a un estado primitivo, donde solo rija la violencia, donde la venganza reemplace a la justicia, donde el Estado esté ausente y haga la vista gorda no solo al crimen, sino a todo tipo de delitos, es lo peor que nos puede pasar como tucumanos y como argentinos.