75 años atrás se producía un acontecimiento que marcó un antes y un después en la historia de nuestro país. El 17 de octubre de 1945, el pueblo se congregó alrededor de la Plaza de Mayo en Buenos Aires y en diferentes puntos del país, para reclamar la libertad del entonces coronel Juan Domingo Perón. Ocho días antes Perón había sido obligado a renunciar a sus cargos de vicepresidente de la Nación, ministro de Guerra y secretario de Trabajo y Previsión.
Si bien la movilización no fue totalmente espontánea, como se pretende decir, ya que fue coordinada por algunos dirigentes gremiales que conformaron una amplia red sindical, la espontánea y firme reacción de las masas obreras, sorprendió a todos, hasta a los mismos dirigentes y fue decisiva en el devenir de los acontecimientos.
El día 10, antes de ser arrestado, Perón se despidió de los trabajadores en un acto público que fue transmitido por la cadena nacional de radio, en el que los exhortó a defender las conquistas laborales obtenidas. Tres días después, fue arrestado y trasladado a la isla de Martín García. Desde allí escribió una serie de cartas a Domingo Mercante y a Eva Duarte, donde les comunicaba sus intenciones de retirarse de la política e irse a vivir, junto a Eva, a la Patagonia. ¡Cómo sería el estado de ánimo de Perón para pensar de esa manera!
En la madrugada del 17 de octubre, el arrestado fue trasladado al hospital militar pero ya se habían movilizado importantes grupos de trabajadores que exigían su liberación
El recién asumido ministro de Guerra, General Eduardo Ávalos, que deseaba evitar posibles pérdidas de vidas se abstuvo de reprimir por temor a que la situación se saliera de control. Eligió entonces el camino de la negociación con el hasta pocos días antes vicepresidente de facto
Las masas movilizadas lograron que Perón recuperara su libertad. El líder impuso sus términos: que se ratificara a Edelmiro J. Farrell como presidente, que renunciara el Gral. Ávalos y la formación de un nuevo gabinete con hombres leales a su persona. Una vez aprobadas sus condiciones, Perón aceptó dirigirse a las masas para lograr su desmovilización.
Finalmente, a las 23, salió al balcón de la Casa Rosada y, según el historiador Mariano Plotkin, Perón, recién liberado, convirtió a ese «ritual de inversión», en el cual los obreros tomaban los espacios de la ciudad de donde estaban excluidos, en un «ritual de refuerzo», colocándose por encima de los trabajadores y transformando los eventos en un espectáculo. El acontecimiento de aquel día se consagró así en «mito fundacional», señala Plotkin.[i]
Había nacido el peronismo, hecho que cambió para siempre a nuestra Argentina, que dividió la historia entre un antes y un después de Perón.
Me gustaría decir que el peronismo trajo prosperidad, riqueza y bienestar en estos 75 años, durante los cuales, gobernó la mayor parte del tiempo. Sin embargo, con mucho dolor debo señalar que Argentina sufrió, a lo largo de estas siete décadas y media, un colosal deterioro, económico, social e institucional, transitando sin solución de continuidad, de la riqueza de 1945 donde nos situábamos entre los 10 países más ricos del planeta, a la pobreza actual, en una inexplicable declinación, constante e imparable.
Pero este es otro tema, que lo desarrollaremos en otra oportunidad.