Vie. Abr 17th, 2026

El presidente sorprendió por sus curiosos conceptos sobre el valor del “merito”, hablando en un acto en Bernal, provincia de Buenos Aires, al inaugurar una obra de AySA, que forma parte del Sistema Agua Sur.  Dijo Alberto Fernández, “que el mérito no nos hace evolucionar” Para un argentino, educado en el concepto clásico del mérito para progresar en la vida, las palabras del primer mandatario no pueden ser comprendidas.

Justamente nuestro país, conformado por inmigrantes que volcaron esfuerzo, ingenio y trabajo para construir una nación y progresar individualmente, resultan muy chocantes las palabras de Alberto Fernández.  Claro está que el sector político que él representa, ha hecho un culto de la holgazanería y bien vale, “un burro que un buen profesor”, como lo expresa el tango de Discépolo. Y siempre con la idea de nivelar hacia abajo.

Más grave aún, viniendo del primer magistrado de la República, es que lo escuchen los chicos, aquellos que necesitamos se formen interpretando al mérito como virtud.  Mérito viene del latín “meritum”, y es el ejercicio que transforma a una persona en digna de un reconocimiento. Comúnmente utilizamos la frase “por mérito propio”, para reconocer a alguien que ha logrado algo a través de su esfuerzo, su trabajo, su constancia. Es el mayor elogio que puede hacerse de una persona, en reconocimiento a sus méritos en cualquier campo de la actividad humana.

Cuando se cubre un puesto o una función en base al mérito, estamos haciendo justicia con el que se ha preparado, arriesgado, esmerado para lograrlo, por el contrario, en nuestro país, el acomodo, el amiguismo, la militancia política, el nepotismo, han reemplazado la idea del mérito y a través de estos mecanismos espurios se cubren los cargos en el Estado. Generalmente esto no ocurre en la empresa privada, claro está que también hay excepciones.

Nuestra Argentina, tuvo, y felizmente todavía la tiene, una gran movilidad social, el chico pobre tiene acceso a la escuela pública, a una universidad gratuita y con esfuerzo y dedicación llega a asumir roles importantes en la sociedad. Todo en función del mérito.

Pero no solo Alberto Fernández se refirió negativamente al mérito, sino el Papa Francisco, quien, en sorprendente sintonía con Alberto, señaló que “quien razona con la lógica humana, la de los méritos adquiridos con la propia habilidad, de primero pasa a último”. No entiendo a Bergoglio, sus propios méritos lo llevaron a ser el jefe universal de su iglesia. El “primero”

Al mismo tiempo que este redactor cursaba los estudios primarios, Francisco, es decir Mario Bergoglio, también los cursaba, con diferencia de uno o dos años. Ambos en colegios salesianos, yo en Tucumán, en el Colegio General Belgrano y Bergoglio en Buenos Aires.  

Recuerdo con mucha nostalgia, como los salesianos nos hacían competir. Concursos de lengua, aritmética, otras materias y lógicamente, catecismo. En este tema, se elegía a un “Emperador” que era el mejor preparado de todo el colegio. La recompensa eran diplomas al “merito” y medallitas.

Recuerdo también que, en cuarto grado, nuestro maestro, el Padre Heras, colocaba un tablero al costado del pizarrón. Sobre un hilo, se desplazaban figuras de autos de carrera de cartulina. Cada alumno tenía un auto con su número y mes a mes clasificábamos en función del rendimiento escolar.  A través de estas prácticas se fomentaba el estudio y la superación. Podrá objetarse que también se fomentaba la competitividad, algo que está mal visto por algunos, pero era competitividad sana y no por eso se dejaba de lado la solidaridad. En ocasiones formábamos equipos en parejas, los más avanzados con los más rezagados y teníamos que apoyarlo en beneficio de ambos.  

Una sociedad basada en el “merito” está preparada para avanzar.