Meditación masiva junto al primer ministro de la India, en una ciudad estresada

«Resulta que vienen un par de tipos todopoderosos y a nosotros nos re cagan la vida». La chica tiene menos de 30 años, remera negra, calzas con flores, y una colchoneta -en rigor, un mat de los que se usan para practicar yoga- debajo del brazo. La bolsita de tela que envuelve el mat tiene una estampa que dice «Inhala & exhala». La chica hace fila sobre la avenida Santa Fe mientras le ilustra a una amiga qué piensa sobre el G20. La amiga habla con Clarín: «Vinimos a buscar algo de paz, de unión entre el cuerpo, la mente y el alma», explica. Las dos esperan que La Rural abra sus puertas para desenrollar sus colchonetas en el piso del pabellón ocre y participar en un encuentro de yoga y meditación. No están solas: la fila mide casi dos cuadras.

Por la fila va y viene personal de seguridad privada que escudriña el tamaño de las mochilas y que advierte que las botellas de agua quedan afuera, que habrá que pasar por un escáner similar al de los aeropuertos y que los paraguas van a parar al guardarropas. Es que uno de los aficionados al yoga y a la meditación que forma parte del encuentro -pero que no entra a pie por Santa Fe, sino en auto y con custodia personal por otro acceso- es el primer ministro de India, Narendra Modi, que llegó este jueves a la mañana la Argentina para participar de la cumbre de líderes mundiales pero que antes de la foto protocolar que recorrerá el mundo, se toma algunos minutos para entonar tres veces el mantra «Ohm» con 4.000 desconocidos.

Afuera del pabellón es la ciudad en la que algunas líneas de subte hacen recorridos acotados, faltan pocas horas para que las terminales ferroviarias porteñas dejen de funcionar hasta el domingo, los recorridos de algunos colectivos se desvían y otros se suspenden, quienes viven en determinadas zonas de exclusión deben acreditar su domicilio con el documento y quienes trabajan en esas zonas deben, en algunos casos, ser escoltados por un gendarme.

Adentro, una instructora de la fundación «El arte de vivir» -la entidad que organizó el evento y que está liderada a nivel mundial por Sri Sri Ravi Shankar, quien encabezó una meditación masiva de 150.000 personas en los Bosques de Palermo en 2012- guía un ejercicio de yoga, justo después de decir que la disciplina sirve para «calmar la actividad de la mente». «Estiren los brazos, abran el pecho, pueden sonreír», dice Florencia, la instructora: los practicantes replican sus movimientos. En silencio y con los ojos cerrados. Rodrigo, otro instructor de «El arte de vivir», despabila la sala al pedir a los dueños de dos autos -lee las patentes- que los muevan para que el primer ministro Modi pueda entrar al predio. «Que no nos distraigan las patentes, el yoga es volver al centro, volvamos al centro«, insta Florencia.

En la pantalla cada tanto se lee el número de teléfono que los anfitriones anuncian como el indicado para pedir información y precios de los viajes para conocer la casa matriz de «El arte de vivir», en Bangalore, India. Sobre las sillas disponibles para quienes prefieren no tirarse al piso hay un folleto en el que se pueden anotar datos personales: «‘El arte de vivir’ se sostiene a través de 2.000 donantes que hacen todo esto posible. Quienes quieran, pueden dejar su información y convertirse también en donantes», se escucha desde el escenario.

Uno de los portones del pabellón ocre se abre: entra luz y entra el sonido de una orquesta, presumiblemente militar, que hace sonar la Marcha de San Lorenzo. Tal vez se trate de un recibimiento protocolar al Primer Ministro asiático, que está a punto de entrar a escena y que, súbitamente, es recibido con aplausos y con argentinos que le gritan «olé olé olé oleee, Modi, Modi». En Europa, quizás piense el mandatario, no se consigue.

El funcionario sonríe, se sienta, escucha un mantra típico de su país que hace sonar en vivo una banda de 70 músicos y a Patricia Sosa, que canta una canción que dice «contagia la fe a quien no puede ver», mira una danza de un varón y seis mujeres en honor suyo y de Ganesha, dios del panteón hinduista, y sube al escenario a hablar. «Su afición al yoga en esta tarde me ha revitalizado y me ha llenado de energía», dice el funcionario, y suma: «Sólo cuando el ser humano cuenta con una mente pacífica habrá paz en su familia, en su ciudad, en su país y en el mundo». Lo aplauden, primero los que entienden su idioma nativo, después los que dependen del traductor.

El primer ministro de India, Narendra Modi, llegó este jueves al país y participó de la meditación masiva en Palermo. (Guillermo Rodríguez Adami).

«Que miles de personas nos juntemos a meditar tiene que ayudar a que la energía en estos días del G20 no esté tan estresada. Es como la homeopatía, que con sólo algunos globulitos, puede ayudar a un cuerpo de 70 u 80 kilos», dice Andrés, que es de Longchamps, tiene 44 años y se vistió enteramente de blanco para la ocasión.

«El yoga y la meditación sirven justamente para tener control mental y mantenernos centrados sin importar cuánto caos haya alrededor», dice Keymmilee, de 29 años, mientras enrolla su mat para volver a casa. Afuera es la ciudad de la que la ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich, recomendó irse a todos aquellos que tuvieran cómo hasta que termine el G20. El evento duró casi cuatro horas: falta menos para que los trenes y los subtes dejen de funcionar.

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