El gobernador bonaerense, Axel Kicillof, vivió un momento muy difícil durante un acto en Junín, cuando una señora le reclamó por las reiteradas suspensiones de clases en las escuelas de la provincia. El hecho es demostrativo de que a la sociedad le importa mucho más la educación de sus hijos que a los funcionarios, supuestamente responsables del tema.
Sabido es que al kirchnerismo le importa poco la educación de nuestros niños y jóvenes. Una muestra se vio cuando ya finalizando la pandemia, las escuelas de la ciudad de Buenos Aires se abrieron, mientras las de la provincia homónima y las de otras provincias gobernadas por el kirchnerismo se mantuvieron cerradas, sin importar el enorme daño que se producía en los educandos.

En general, la epidemia de Covid obligó al cierre de las escuelas y se suspendieron las clases presenciales en todo el país a partir del 16 de marzo de 2020. Fue un duro golpe a la educación argentina, ya afectada por múltiples problemas. Según un informe del Observatorio Argentino por la Educación en base a investigaciones mundiales, la falta de presencialidad en las clases generó incremento de las desigualdades, pérdida de aprendizaje, deterioro de la salud física y emocional de los estudiantes y menores posibilidades futuras de empleo.
En Argentina, desde la Ley Federal de Educación sancionada bajo la presidencia de Carlos Menem, cada provincia tiene autonomía sobre la educación. Son responsables de lo que suceda en su jurisdicción.
En 2023, los estudiantes argentinos de primaria deberían tener un promedio de 185 días de clase, según surge de los calendarios escolares planificados por las provincias, teniendo en cuenta los días de vacaciones, los feriados nacionales y provinciales y las jornadas institucionales. Pero los conflictos gremiales hacen perder muchos días de clase, lo que imposibilita alcanzar las metas fijadas.

La sociedad está harta de los paros docentes. Cualquier madre, padre o tutor, sabe de la incontable cantidad de días de clase que se pierden por conflictos con los gremios. El método de reclamar, paralizando las aulas ha sido muy dañino. Tanto para los chicos, sus familias como para los mismos docentes.
La Coalición por la Educación, una agrupación conformada por expertos, padres, docentes y representantes de diferentes organizaciones sociales, nucleados para pensar en conjunto la educación argentina, identificó cuántos días de clase se dictaron en la enseñanza primaria en cada una de las 24 jurisdicciones argentinas hasta el 30 de junio, cuántos se perdieron y por qué razones.

Las conclusiones del relevamiento fueron publicadas: San Luis es la única jurisdicción donde se cumplió con la totalidad de la cantidad de días de clase planificados para el periodo, es decir 82 jornadas. En el otro extremo, Santa Cruz apenas alcanzó el 33% de lo estipulado, con apenas 27 jornadas. Entre medio, hubo situaciones variadas en el resto de las provincias, alcanzando un promedio nacional de 66 días de clase, un 81% de cumplimiento.
Mientras CABA tuvo 71 días de clase, lo que equivale a un 86,59 %, la provincia de Buenos Aires tuvo 62 días, equivalente a un 77,50 %. Nuestra provincia, Tucumán tuvo 50 días cumpliendo solo con el 70 % del objetivo. [i]
Kicillof no debe asustarse ni enojarse por el reclamo de una madre. Debería convencer a Baradel y a sus secuaces que paralizar la educación pública, no es una forma razonable de protesta.
