Jue. Abr 30th, 2026

Primero fue el Hospital del Este, pero no tardaron en sumarse otros dos nosocomios en los que se pronunciaron esas dos palabras que juntas, describieron el cuadro sanitario al que nadie quería llegar: Código Negro.

La situación comenzó a evidenciarse en las últimas horas del lunes, tanto que en cuestión de horas, el Siprosa emitió la comunicación que la puso en blanco sobre negro: “no hay camas disponibles en terapia intensiva”.

Gabriela Agüero, médica del Eva Perón, aseguró que en la torre de pacientes críticos están trabajando al 100 por ciento, con ocupación total de las 36 camas, 80 por ciento de las cuales usan respirador.

En el hospital Miguel Belascuain, de Concepción, se vive la misma angustiante situación. La doctora Adriana Bueno la describió con total claridad. El lunes consiguieron tres camas porque otros tantos pacientes graves habían fallecido.

La saturación en el hospital de Aguilares derivó en una situación en extremo dramática, una paciente para la que no se consiguió cama crítica tuvo que ser derivada, pero murió en la ambulancia.

Su estado de gravedad era tal que, pese a que se la trasladó entubada y acompañada por un enfermero que bombeaba aire a sus pulmones, no pudo llegar con vida al nosocomio al que iba.

Esta escena ilustra de la peor manera la sentencia de la doctora Agüero, quien remarcó que en la terapia del Hospital del Este se advierte la agresividad que alcanzó el coronavirus.

Con una edad promedio de 42 años y un paciente de 28 en estado muy delicado, la médica ruega que la gente entienda de una vez que el virus no discrimina a nadie, y puede alcanzar y matar a cualquiera.

La especialista lamentó que, mientras se llega a la situación límite de tener que decidir quien vive y quien muere, fuera de los hospitales se ve gente que se junta como si nada grave estuviera sucediendo.

Lo cierto es que los días cruciales para evitar el colapso ya pasaron. Ahora es cuestión de vida o muerte. Desatender las recomendaciones, violar las restricciones, ya no puede ser visto como un acto de rebeldía, sino lisa y llanamente como una actitud suicida.