Cuando un animal salvaje está herido y presiente un inminente riesgo, actúa con lógica desesperación y se torna extremadamente peligroso. Esta es la sensación que deja Cristina tras su segunda epístola a los argentinos, donde descalifica individualmente a cada miembro de la Corte y al máximo tribunal en su conjunto.
Difícilmente encontremos en la historia del republicanismo mundial, un ataque tan feroz de un poder del Estado, en este caso ella representa al poder legislativo, a otro poder, la justicia, representada por la Suprema Corte. Esto sucede solamente en las repúblicas bananeras o en Venezuela. Argentina, después del proceso de organización nacional donde nos dimos una Constitución modelo, que todavía está en vigor, tuvo respeto por sus mandatos y prescripciones, con algunos períodos de interrupción que han sido condenados por la historia. Pero resulta inadmisible que en plena vigencia del régimen constitucional la Vicepresidenta de la Nación, cabeza de la Cámara Alta del Congreso, critique de manera tan desconsiderada al Supremo Tribunal del país.
Independientemente de que esta carta demuestra el escaso nivel de respeto de Cristina por uno de los valores liminares de la república, como es la independencia y separación de los poderes del Estado, resulta claramente visible su temor de no poder controlar a la justicia en las numerosas causas donde está procesada y busca una solución política.
En este sentido, el reconocido constitucionalista Daniel Sabsay, consultado por Infobae, opinó que la vicepresidenta “no cree en la división de poderes ni en la independencia de la Justicia”. “Me parece una persona acorralada, hace un año que ensaya distintas estrategias pero las causas judiciales en su contra siguen vigentes”, sostuvo.
Lo de ahora, va en la misma línea del destrato de Cristina meses atrás, hacia los jueces que la estaban juzgando, señalando que a ella “ya la había juzgado la historia”. Esta actuación, bien reflejada por los medios entonces, la ubica, según su parecer, por encima de las leyes y de la justicia. En una parte de su epístola, dice que a los jueces de la Corte no los elige nadie, recordemos que estos son designados por el Poder Ejecutivo con aprobación del Senado, y agrega: “Tienen, además, en sus manos el ejercicio de la arbitrariedad a gusto y piacere, sin dar explicaciones a nadie ni estar sometidos a control alguno” Es simple advertir que Cristina ha puesto en marcha el “vamos por todo” y busca doblegar a la justicia, ya que maneja a su antojo a los otros dos poderes del Estado.
En esta nueva misiva pública, ignora totalmente al presidente. No mencionarlo al cumplir el primer año de mandato resulta insolente, pero al mismo tiempo le envía un mensaje cuando dice “a nadie debería extrañarle, no sólo que el Lawfare siga en su apogeo…” Alberto, no se da cuenta del mensaje e interpreta que es un apoyo más a su gestión. Se limita a señalar: “Comparto mucho de lo que planteó, la Justicia no funciona bien” Por ahora el presidente deberá conformarse con leer las cartas de Cristina, ya que lleva meses sin un encuentro de diálogo abierto con su Vice.