Dom. Jul 21st, 2024

Desde principios del siglo XXI,  se ha incrementado casi un 20 % la detección de depresión en todo el mundo. Las mujeres menores de 29 años y mayores de 55 años son las principales afectadas. Se estima que más del 25 % de mujeres presentará un episodio de depresión mayor a lo largo de su vida, frente al 12 % de los hombres.

Los estudios epidemiológicos muestran sistemáticamente que, a partir de la pubertad, los trastornos depresivos y los trastornos de ansiedad son de dos a tres veces más frecuentes entre mujeres que entre hombres.

Si bien la depresión por lo general es más frecuente en la mujer, el predominio femenino no siempre es consistente en todos los subtipos depresivos. Otra consideración es que las diferencias de género son más evidentes en muestras comunitarias heterogéneas y pueden estar ausentes en muestras de grupos socialmente homogéneos. Por tanto, hay indicios que sustentan que no es que las mujeres sean más propensas a desarrollar depresión, sino que las mujeres experimentan más factores sociales precipitantes y son más vulnerables a determinados factores sociales.

Factores biológicos que contribuyen a tener depresión:

Los factores biológicos que pueden contribuir a la vulnerabilidad a la depresión son genéticos y hormonales y, en estos últimos, principalmente están involucrados los esteroides sexuales. Esta hipótesis hormonal está apoyada por el incremento de trastornos depresivos en la pubertad y por la disminución de la incidencia en la postmenopausia.

La caída brusca de estrógenos en la sangre, experimentada antes de la menstruación, después del parto y durante la menopausia, se relaciona con momentos de mayor vulnerabilidad para tener depresión, ansiedad y otros trastornos psiquiátricos importantes o, incluso, para agravar patologías existentes en la mujer. Es muy importante para el tratamiento de los trastornos mentales en las mujeres entender cómo las hormonas sexuales, principalmente el estradiol pero también la progesterona,  influyen en la neurotransmisión, la neuromodulación, la plasticidad sináptica y la neurodegeneración. Prácticamente, todos los sistemas de neurotransmisores responden a estrógenos.

Factores socioculturales en la depresión de las mujeres:

Otros factores que pueden explicar las diferencias en la prevalencia de la depresión entre hombres y mujeres son los factores socioculturales, que incluyen las desigualdades estructurales de género y los factores culturales.

La desigualdad estructural de género hace referencia a las diferencias en el acceso al poder y a los recursos entre hombres y mujeres. Entre otros muchos, incluye la diferencia de los sueldos, la falta de educación de las niñas en algunas partes del mundo, la subrepresentación de las mujeres en los puestos de decisión y la violencia machista.  La influencia de la desigualdad estructural en la diferencia de género en la depresión puede actuar a través de vías diferentes. Por ejemplo, el poder estructural de los hombres ha permitido el acoso sexual de las mujeres en el trabajo y las diferencias salariales hacen que las mujeres que sufren violencia por parte de su pareja no puedan permitirse irse de casa. Y hay evidencia de que tanto el acoso sexual como la violencia por parte de la pareja incrementa el riesgo de depresión, de ansiedad y de trastorno por estrés postraumático en la persona que es víctima.

Por otra parte, los factores culturales son el conjunto de valores, aptitudes, teorías, ideologías, normas y bienes materiales creados por el ser humano.  El mismo género es una construcción cultural que diferencia y configura los roles, las percepciones y el estatus de las mujeres y de los hombres en una sociedad.

¿Cómo reconocemos sus síntomas?

Los síntomas de la depresión varían de una persona a otra, ya sea en la duración, la gravedad, la causa y hasta en sus efectos. De manera general, podemos decir que la depresión tiene estos síntomas comunes en las mujeres:

Estado de ánimo bajo persistente: Una mujer deprimida puede sentirse triste la mayor parte de su día. Además, estos sentimientos de tristeza pueden ocasionar sentimientos de desesperanza.

Falta de motivación: Sentirse desmotivado puede impedir a las personas realizar ciertas tareas cotidianas, desde levantarse de la cama hasta acudir a obligaciones como el trabajo.

Reducción del interés por el placer: Las mujeres con depresión pueden sentir una falta de interés por aquellas actividades u hobbies que antes les atraían.

Aislamiento social: Al sufrir los síntomas de la depresión, las mujeres pueden alejarse de los demás, incluso las personas más cercanas a ellas, como pueden ser la familia, la pareja o los hijos.

Cansancio constante: La depresión puede afectar también a los niveles de energía de aquellos que la sufren. Además, esta fatiga puede suceder a pesar de que no haya cambios en los patrones de sueño.

Baja autoestima: La depresión puede afectar la forma en la que te ves a ti misma. De hecho, las mujeres con depresión suelen experimentar sentimientos de culpabilidad o de inutilidad.

Pensamientos relacionados con la muerte: Aunque este síntoma no siempre se experimenta con la depresión, puede ocurrir en algunos casos. Esto puede presentarse como pensamientos recurrentes hacia la muerte, así como tener sentimientos abrumadores alrededor de la idea de que la vida sería mejor sin tu presencia.

A pesar de que la depresión y sus síntomas afectan en mujeres y en hombres por igual, la realidad es, según las investigaciones, que las mujeres suelen ser más diagnosticadas con este trastorno.

¿Cómo ayudamos a una mujer con depresión?

1. Sugerir la ayuda de un profesional
Lo primero que hay que tener en cuenta es que la depresión es una enfermedad que puede llegar a ser muy grave, y que por lo tanto se hace necesaria la intervención terapéutica de manos de un profesional.
En este caso, algo que sí se puede hacer es persuadir a la persona y convencerla para que busque ayuda o asistencia psicológica. Aunque esta tarea no vaya a resultar sencilla es sumamente necesario. Mediante conversaciones tranquilas y con mucho tacto y sutileza, la familia debe insistir en la idea de visitar a un profesional y, si fuera necesario, ofrecerse a acompañarle.

2. Evitar los consejos sobre la vida
Aunque la voluntad de ayudar siempre sea positiva, las sugerencias para animar a la persona mediante consejos para que se sienta mejor, para que reflexione acerca de lo que tiene, o a través de invitaciones continuas para salir y realizar actividades son absolutamente ineficaces, llegando incluso a ser contraproducentes y provocando más malestar en la persona.

3. Tener en cuenta los complejos asociados al género
Varias investigaciones muestran que los roles de género y los estereotipos sobre lo que representa ser «un hombre» y «una mujer» pueden llegar a obstaculizar la búsqueda de ayuda por parte de las personas que sufren depresión. Por ejemplo, muchos hombres consideran que exponer sus vulnerabilidades emocionales resulta humillante, lo cual vuele más complicado que se comprometan con el proceso de mejorar su salud mental; y muchas mujeres deciden dejar de priorizar su bienestar con tal de no dejar de dar apoyo a sus seres queridos desde el rol de «madre» o de «esposa».
Así pues, para ayudar a una persona con depresión, hay que considerar si ese individuo es proclive por verse afectado por esos roles de género y hablarle sobre su problema de un modo que no le haga sentir culpa o vergüenza por el hecho de darle a su salud mental la importancia que merece.

4. Mantenerse a su lado


Dicho lo anterior, aquello que realmente necesita una persona con depresión es que las personas que le rodean se muestren empáticas, que manifiesten su comprensión y que puedan estar a su lado cuando lo necesiten.

5. Reforzar sus puntos fuertes
Debido a disminución de la autoestima y a la infravaloración que sufre, la persona deprimida tiende a rechazar y no admitir los avances que realiza durante el proceso de tratamiento. Estas personas tienden a destacar sus deficiencias o carencias y a obviar su potencial y sus éxitos. Para ayudarle, es vital que sus círculos más cercanos sean capaces de poner énfasis en aquellas habilidades, capacidades o éxitos que posea la persona.

6. Respetar su silencio
No tiene ningún sentido obligar o forzar a una persona con depresión para que hable o transmita lo que siente, así como para que esta sea sociable, dado que no es algo que esté bajo su control. Este tipo de intentos de acercamiento suelen provocar más tensión y sentimientos de incomprensión en la persona.

7. Transmitirle esperanza
Es necesario convencerle de que la depresión es una enfermedad con tratamiento y cura y que si sigue las pautas de la intervención conseguirá mejorar.

8. No solicitar explicaciones
En muchas ocasiones, y con la intención de intentar comprender qué le pasa para así poder ayudar, se presiona a la persona para que intente contar qué le ocasiona este sufrimiento. Sin embargo, la depresión no es una enfermedad causada por un solo factor, y en la mayoría de ocasiones ni tan solo la propia persona sabe qué le ha llevado a tal extremo. Por lo tanto, pedir explicaciones racionales cuando la persona no se encuentra en una situación racional no tiene ningún sentido, y solamente desencadenará sentimientos de frustración e irritación.

9. Cuidar la propia salud emocional
Los estados anímicos depresivos pueden llegar a ser contagiosos si la persona no es consciente de ello. Ver sufrir a alguien querido puede desencadenar un gran malestar emocional por lo que la persona debe estar protegida ante este posible riesgo.