Dom. Feb 25th, 2024
Este domingo concluye el mandato de Alberto Fernández, un presidente marioneta de la Jefa política del kirchnerismo, la vicepresidenta Cristina, también Fernandez, pero viuda de Kirchner. Y es de esperar tras el fenomenal fracaso de este régimen, que el kirchnerismo nunca más se acerque al poder.

Alberto se despidió ayer de los empleados de la Casa Rosada a quienes les dijo que deja un país “funcionando”. Además, destacó el valor de irse con el mismo auto con el que entró al Gobierno y «a la misma casa de donde salí». Esto no es un mérito, es lo que corresponde a cualquier funcionario público.

Sin duda que Argentina está funcionando, pero funcionando muy mal. El saldo de la gestión de los dos Fernández es realmente muy penoso. Deja atrás 130.000 muertos por la pandemia, un Banco Central quebrado con reservas negativas y una enorme deuda en Letras de Liquidez, las renombradas Leliq, una inflación récord y una pobreza cercana al 45 % de la población total, pero donde 2 de cada tres chicos son pobres. Deja un déficit fiscal descomunal y una deuda muy grande de los importadores.  Deja también sin resolver el problema de la inseguridad, que registra crecimiento sostenido en episodios de violencia y muerte, con zonas más oscuras como Rosario, donde domina el narcotráfico.

Alberto no entiende o no respeta el sistema republicano de gobierno que señala taxativamente la división e independencia entre los poderes del Estado. Criticó fallos de la justicia y a la Suprema Corte. En ocasión de la suspensión de los comicios en Tucumán y San Juan, acusó a los jueces, Rosatti, Rozenkrantz y Maqueda de “manipular los tiempos electorales” y puntualizó que “no puede ser que sigan avasallando a los pueblos del interior de la Patria preservando los intereses de sus amigos políticos o empresarios”.

En el Congreso, al dejar inaugurado el 141° período de sesiones ordinarias, Alberto fustigó a la Corte por resolver a favor de la Ciudad en el caso de los fondos coparticipables y tomar «por asalto el Consejo de la Magistratura».

Alberto ensanchó la grieta y dio malos ejemplos a la juventud, como cuando dijo que no creía en la “meritocracia”. Tomó medidas contradictorias y se abrazó con los personajes más siniestros del escenario regional y mundial, con Nicolas Maduro en Venezuela, con el cubano Miguel Diaz Canel, y con Daniel Ortega en Nicaragua. De manera insólita ofreció a Putin que Argentina sea la puerta de entrada de Rusia a Latinoamérica, muy poco antes que este país invadiera Ucrania.

Felizmente desde este domingo Alberto será un expresidente y se anuncia que residirá en España. Lamentablemente con la colonia, se acabó el “juicio de residencia” que en el derecho indiano se instrumentaba a los virreyes, gobernadores y alcaldes; Se revisaban sus actuaciones y se escuchaban todos los cargos que hubiese en su contra. El funcionario no podía abandonar el lugar donde había ejercido el cargo, ni asumir otro hasta que concluyese este procedimiento.  Hubiera sido muy bueno que a Alberto y a Cristina se los sometiera al juicio de residencia.