Las enseñanzas de la historia

En ocasión del allanamiento al domicilio de la ex Presidente en Calafate, ordenado por el juez Bonadío se registraron incidentes entre un grupo de manifestantes cristinistas y periodistas y policías,

Son tres los domicilios allanados, luego de que el Senado por unanimidad, autorizara al Juez a efectuar los procedimientos.  Claro está que la unanimidad, incluyendo el voto de la misma Cristina, se produjo ante una segura derrota. La viuda de Kirchner había enviado al Senado una carta aceptando la medida bajo ciertos condicionamientos.  El cuerpo finalmente autorizó al juez sin condicionamiento alguno, como corresponde.

Se han allanado solo tres inmuebles de los 26 que posee la familia. Un número que haría razonar a cualquiera sobre esta insólita gran fortuna. Es que el crecimiento exponencial del patrimonio de Nestor, Cristina e hijos, durante los años que tuvieron el timón del país, puede levantar razonables sospechas. Nunca en la historia de nuestra Argentina, los presidentes amasaron una fortuna de dimensión semejante. Me atrevería a decir que nunca antes un Presidente usufructuó del poder para amasar una gran fortuna.  Nuestra historia si señala que  hubo casos ejemplares de ex Primeros Mandatarios que terminaron sus días en la pobreza.

Tras la revolución del 30 que depuso al Presidente Irigoyen, la turba ingresó a su única vivienda para saquearla. El historiador José Luis Romero bien señala: Su vieja casa de la calle Brasil -que los opositores llamaban ‘la cueva del peludo’- fue saqueada, con olvido de la indiscutible dignidad personal de un hombre cuya única culpa había sido llegar al poder cuando el país era ya incomprensible para él.

Otra figura presidencial histórica fue Arturo Frondizi, depuesto por los militares. El Presidente detenido se negó a renunciar formulando una frase que se ha vuelto célebre: “No renunciaré, no me suicidaré, no me iré del país.”

Arturo Frondizi falleció a los 86 años en el Hospital Italiano de Buenos Aires Su muerte pasó tan desapercibida, que hasta hoy es muy difícil averiguar la causa exacta de ella. Sus restos fueron inhumados sencillamente en el cementerio de Olivos. Arturo Frondizi, como Irigoyen y otros cuya memoria honramos,  nunca pensó en riquezas ni oropeles, hubieron de pasar algunos años para que el país todo le rindiera merecido homenaje. Otras figuras también vale rescatar, ante la brutal acumulación de riquezas de la familia Kirchner o la desvergüenza del ex Vicepresidente Amado Boudou, que aún condenado, reclama su pensión vitalicia.

Recordemos como ejemplo, a  Elpidio Gonzalez, Vicepresidente de la Nación durante la Presidencia de Marcelo T. de Alvear.   Ya retirado de la vida activa y transitando la pobreza, el 6 de octubre de 1938 rechazó la concesión de una pensión vitalicia por parte del gobierno de Roberto Marcelino Ortiz con una conceptuosa carta, [i] donde señala: Confío en que, Dios mediante, he de poder sobrellevar la vida con mi trabajo, sin acogerme a la ayuda de la República por cuya grandeza he luchado.

¿Por qué? los seguidores de Cristina, de alguna manera transformados en cómplices de la corrupción, no aprenden un poco de la ética y de la moral pública que han exhibido estas figuras históricas. Deberían comprender que las frases hechas, como “nacional y popular” o lo de la” inclusión social”, son meras fábulas del engañoso relato. ¿Acaso alguno de estos fanáticos seguidores, reciben o recibirán algunos de los dólares que han acumulado los Kirchner?.

 

 


[i] «Buenos Aires, 6 de octubre de 1938.
A su Excelencia. el señor Presidente de la Nación
Doctor Roberto M. Ortíz.
S/D.
De mi consideración:
Habiendo sido promulgada la Ley que concede una asignación vitalicia a los Ex-Presidentes y Vicepresidentes de la Nación, cumpleme dejar constancia al señor Presidente, en su carácter de «Jefe Supremo de la Nación, que tiene a su cargo la Administración General del País» , de mi desición irrevocable de no acogerme a los beneficios de dicha Ley.
Al adoptar esta actitud sigo íntimas convicciones de mi espíritu. Entregado desde los albores de mi vida a las inquietudes de la Unión Cívica Radical, persiguiendo anhelos de bien público, jamás me puse a meditar, en la larga trayectoria recorrida, acerca de las contingencias adversas o beneficiosas que los acontecimientos podían depararme. No esperaba, pues, esta recompensa, ni la deseo, y, al renunciarla, me complace comprobar que estoy de acuerdo con mis sentimientos más arraigados.
Confío en que, Dios mediante, he de poder sobrellevar la vida con mi trabajo, sin acogerme a la ayuda de la República por cuya grandeza he luchado y que, si alguna vez, he recogido amarguras y sinsabores me siento recompensado con creces por la fortuna de haberlo dado todo por la felicidad de mi Patria.
Saluda al Señor Presidente»
Elpidio Gonzalez

Fuente

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