En el cumpleaños de Juan Bautista Alberdi


(Repetición de una nota anterior)

En la fecha los abogados celebran su «día» en homenaje al Paradigma del Hombre de Derecho, nuestro comprovinciano Juan Bautista Alberdi.  Efectivamente, un 29 de agosto, pero de 1810, nacía el autor de las «Bases y Puntos de Partida para la Organización Política de la Confederación  Argentina», cuyo texto fue el faro que guió a los constituyentes de 1853, que  sancionaron la Carta Magna que aún nos rige. Resulta un tanto extraño y sugestivo que al Padre de nuestra organización, se lo festeje el día de su cumpleaños, cuando lo habitual es que a nuestros próceres los recordemos el día de su muerte, tal el caso de San Martín, Belgrano o Sarmiento.

A 208 años del natalicio de quien fuera la mente más lúcida del pensamiento político argentino del siglo XIX y el que nos señalara el correcto camino en el proceso de organización nacional, nos toca reflexionar sobre la vigencia de su legado.

Si recapacitáramos con atención sobre los hechos, circunstancias e ideas, que generaron nuestra actual República, el lugar de privilegio debería ocuparlo el pensamiento alberdiano, mucho más que la porteñísima Revolución de Mayo, de la cual, los argentinos del interior, no participamos.

Esto es así, porque la Nación Argentina recién comienza  a  organizarse, jurídica, institucional y políticamente, como la conocemos hoy, en el proceso que se inicia en 1853 con la sanción de la Constitución .

Repasemos los acontecimientos históricos. El 3 de Febrero de 1852, Rosas es derrotado por Urquiza en la Batalla de Caseros. Informado Alberdi del acontecimiento que ponía fin a una larga y sangrienta tiranía, y consciente de que el país requería una Constitución, se puso a escribir frenéticamente. En solo un par de semanas termino el libro, que es un borrador de la futura Carta Magna. Lo publicó en mayo de ese mismo año en Valparaíso.  Meses más tarde lo reeditaría ampliándolo e incluyendo un proyecto de Constitución, basado en la Constitución Argentina de 1826 y en la Ley Suprema de los EEUU.  Mientras, Urquiza había convocado a un Congreso General Constituyente. Alberdi envió copias del libro a Félix Frías, Mitre, Juan María Gutiérrez, Urquiza y otros ami­gos.

El momento en que publicó su obra no pudo ser más oportuno, con las armas ya aquietadas comenzaba un período de paz y de organización; el mismo Alberdi nos dice «Hay siempre una hora dada, en que la palabra hu­mana se hace carne. Cuando ha sonado esa hora el que propone la palabra, orador o escritor, hace la ley…».

Alberdi continuó en Valparaíso y allí concluyó dos nuevas obras, «Elementos de Derecho Públi­co Provincial» que sirvió para la organización política de las pro­vincias y «Sistema Económico y Rentístico de la Confederación Argentina según su Constitución de 1853»  De ésta Alberdi señala; «La Constitución Federal Argentina contiene un sistema completo de política económica, en cuanto garantiza por disposiciones terminantes, la libre acción del trabajo, del capital y de la tierra como principales agentes de la producción (…) Me propongo reunir esas disposiciones en un cuerpo metódico de ciencia (…)con el fin de ge­neralizar el conocimiento y facilitar la ejecución de la Construcción en la parte que más interesa a los destinos actuales y futu­ros de la República Argentina».

Alberdi regresó a su patria natal, pero solo por breves períodos. Fue además de abogado y publicista, periodista, diplomático, legislador, poeta, músico y pacifista. Sin embargo, su figura recién toma dimensión planetaria a través de su pensamiento.

Fácil resulta comprender porque Alberdi no es homenajeado por el poder público como bien se merece. Simplemente, porque sus ideas molestan.   ¿Cómo compatibilizar el pensamiento alberdiano con el populismo vigente, con el autoritarismo, con el continuo quebrantamiento institucional, con las absurdas limitaciones al trabajo, a la producción, a la creatividad, al progreso,…con una sociedad que solo concibe las leyes para violarlas y no cumplir los contratos?
Ni sus restos descansan en paz; hoy, en una improvisada tumba ubicada en una intercesión de pasillos de la Casa de Gobierno de Tucumán. Mucho menos su pensamiento, ignorado por los gobernantes.

Fuente

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